Ayer, mientras recorría los escasos trescientos metros entre la biblioteca en la que trabajo y la casa que habito, descendía por una pequeña cuesta contemplando el bosque. Un aura fuerte movía las copas de los pinos, y removía la pinaza, las ramitas de boj, las hojas muertas de los olivos y los granos de lavanda…. Leer más
Notas para un diario 249


