Walter Benjamin (Bruno Tackels)

Llevo varias semanas leyendo la biografía de Walter Benjamin que ha escrito Bruno Tackels (Actes Sud, 2009; traducción española en PUV, 2012). Me parece excelente. En un caso como el de Benjamin no tiene sentido separar la vida de los escritos. Ambas, más que imbricadas, se puede decir abiertamente que son una y la misma. “Una vida en los textos”. Así ha subtitulado Tackels su voluminoso trabajo (nada menos que 663 páginas en la edición española). De haber nacido cien años antes, Walter Benjamin hubiera sido considerado uno de esos gigantes del romanticismo a cuyos hombros era preciso encaramarse para estar en condiciones de poder decir algo de provecho. En cambio prefirió ser uno de esos millones de ángeles creados, como las mariposas, para iluminar por unos pocos instantes las zonas más oscuras de la condición humana. El carácter fulgurante y pasajero del destino de Benjamin muestra la grandeza espiritual de un siglo como el XX. El siglo de las derrotas, de los detritos y las desafecciones es un siglo que necesita antes que nada a personas de una inteligencia estratosférica como lo fue la suya. Personalmente esperaba encontrar un atisbo de explicación a algo que, desde que leí las primeras páginas de Benjamin hace más de veinte años, siempre me intrigó: me refiero al modo en el que hubieron de fundirse en este escritor dimensiones vitales aparentemente contradictorias como su intensa formación filosófica (especialmente depurada en materias como la teoría del conocimiento y del lenguaje, la politología y la ontología) con su sensibilidad poética, un materialismo que no le impedía abrirse a la mística, una condición de judío incapaz de cualquier asimilación en una sociedad capitalista cuya estructura no obstante acertó a describir de manera insuperable. Se puede afirmar que Tackels dedica sus esfuerzos a perseguir el objetivo de plasmar la integración feliz de todos esos planos y contradicciones en la producción de Benjamin. Y lo hace con sorprendente claridad profundizando en aspectos que pueden parecer colaterales pero que no lo son. En primer lugar, en la condición de exiliado del escritor, algo que va mucho más allá de las vicisitudes históricas que le tocó atravesar y que constituye un rasgo distintivo de su persona. Benjamin vivió exiliado de todo y hasta de sí mismo (la tentación del suicidio le rondó siempre). Separado. Independiente. Libre. Crítico. Todos ellos términos si no sinónimos sí confluyentes. Dentro de esa condición de exiliado (¿judío?) los libros jugaron un papel decisivo. Era lo que le permitía errar manteniendo el único punto de anclaje que necesitaba para ejercitar su pasión por la comprensión de los fenómenos. Y tercero, en conexión con los dos aspectos anteriores, en el modo orgánico (aunque fragmentario) en el que fue aprendiendo a desvelar el rostro de las cosas, la paciencia con la que enterraba semillas, como si fueran los libros olvidados en cajas que de noche cobraban vida propia, de lecturas, de notas tomadas al vuelo, de sistemas proyectados en esquemas que no llegaban a completarse nunca pero que conformaban los mapas del conocimiento más bellos y sugerentes de toda la modernidad europea. Mapas confeccionados con imágenes que piensan. Los mapas de la gran alegoría que él vislumbraba y perfilaba incansablemente.

4 Comments Walter Benjamin (Bruno Tackels)

  1. Eleonora 27/02/2013 at 15:39

    Si creyera en la reencarnación, que no creo, desearía no dejar de pertenecer a la especie humana. Entonces me dedicaría exclusivamente por el resto de los tiempos a leer todas tus recomendaciones, Álvaro. Porque en esta vida que me toca ya he perdido las esperanzas.Un abrazo.

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    1. Ire Roust 23/01/2014 at 14:43

      yo no sé si estoy tan segura de volver a ser parte de la especie humana.

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  2. Álvaro de la Rica 27/02/2013 at 16:44

    Eleonora, he descubierto un pintor norteamericano, que quizás conozcas, que se llama James Castle, y que en todo caso pienso que te interesará y mucho

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  3. Eleonora 01/03/2013 at 14:23

    Mil gracias, Álvaro. No lo conocía. Y no te imaginas el regalo que me has hecho. Amor a primera vista.

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