La poesía de Edward Thomas

“Gone, gone again./May, June, July,/ and August gone, again gone by,//Not memorable/Save that I saw them go/As past empty quays/The river flow…” Fue el comienzo de este poema escrito en septiembre de 1916 lo primero que leí en el volumen de la poesía de Edward Thomas: “Idos, idos de nuevo/mayo, con junio, julio,/ido también agosto/de nuevo idos, juntos.//Nada que recordar /salvo lo que vi irse; igual que junto al muelle/el río sigue, sigue”. Y pensé en su corta y fértil vida, en que apenas tres meses después cruzaría el Canal de la Mancha y que moriría en el frente cerca de Arrás el domingo de Resurrección del año siguiente, en 1917. Se trata sólo del comienzo, pero está cargado con una grave levedad, es un aviso para los que nos dedicamos a desperdiciar el tiempo: en dos versos recupera el tópico del tempus fugit y la alegoría de la vida (del tiempo) como un río. Lo hace con la ligereza de una canción popular, repitiendo la anáfora del gone inicial en el extremo del tercer verso; la aliteración, la rima corren fluidas como el río hacia el final. Y dejan el poso de la nada : esos pétreos past empty quais sobre los que el poeta contempla la disolución en el crudo tiempo de lo real.
Todo el volumen de Thomas (Poesía completa, Pretextos, 2012), bien traducido por el también poeta Gabriel Insausti, que nos ofrece además una introducción sabia, llena de datos sobre el contexto inglés en el que se fraguó la obra de Thomas, nos permite introducirnos en una de las obras literarias más ricas y sutiles del novecientos europeo. Reto al lector a disfrutar con poemas tan extraordinarios como “El poste de señales”, “La cañada”, “Nieve”, “Belleza”, “El búho”, “Vendrás”, “Esta noche”, “Palabras”, “Caminos”, “Como el tacto de la lluvia”, “Después de haber hablado”, “¿Qué harán?”, “Luces fuera”, “El sendero”, “Fuera, en la oscuridad”o “La tristeza del amor verdadero” por citar solo una docena larga.
Por encima de todo, Thomas destacó por una visión nostálgica de la naturaleza, en un proceso acelerado de cambios e industrialización. Una naturaleza que actúa como un recordatorio para el hombre, como una luz que le indica el difícil punto de equilibrio en el que debe permanecer si no quiere perderse en una civilización cada vez más directamente alienante. La misma guerra no fue más, para el poeta, que la eclosión final e inevitable de un proceso anterior.
Puede ser que los versos de Thomas no aullen ni sean abrumadores, como muy bien escribió el Premio Nobel Derek Walcott, pero en su aparente descuidada naturalidad esconden una mirada que se clava en el alma.

P.S. La foto (Plaza del Castillo de Pamplona desde el hotel La Perla) es de mi amiga Magdalena Merlos y me recuerda la estampa que contemplaré en septiembre, cuando pasen estos días dorados.

2 Comments La poesía de Edward Thomas

  1. El infierno de Barbusse 18/07/2012 at 11:27

    Yo que soy un obseso de la traducción, estoy de acuerdo en que la versión de Gabriel Insausti es muy buena. Tiene más mérito aún por ser poesía y, además, rimada. Supongo que horas y horas a la búsqueda meticulosa de la palabra y del giro adecuado y preciso.

    Ya que hablo de esto, quisiera aprovechar para felicitarle a usted por la excelente traducción que ha realizado recientemente de “El viajero sobre la tierra” de Julien Green (Editorial Automática), un libro extraño y sombrío que me ha parecido interesantísimo.

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  2. Álvaro de la Rica 18/07/2012 at 17:08

    Gabriel Insausti es en efecto una poeta lleno de talento y generosidad.

    Gracias amigo por sus amables palabras.

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