BREVE DIARIO DE UN CONFINAMIENTO POR CORONAVIRUS (Final)

Colocó la Virgen exactamente en el mismo lugar en el que yo había visto la otra, no lejos del escaparate, en un rincón discreto.

Debo decir que me quedé encantado.

La Virgen de la nariz rota había encontrado dónde quedarse. En mejores manos que las mías, eso era evidente. Pensé que la dama de las perlas seguramente se la daría a algún otro infeliz más adelante, y que esa cadena bien podría continuar. Sería bonito verlo proyectado en una pantalla, como en una película.

Yo desde luego la suya no la suelto; la guardo en la mesilla de noche y, como hacía con la otra figura, la llevaré conmigo allá donde vaya.

Las chicas tomaron por fin el centro del escenario y brearon a la dueña con sus preguntas sobre las fabulosas perlas que les fue enseñando: su procedencia, cómo y donde se cultivaban y recogían, su dureza, su antigüedad, su brillo, su iridiscencia. Yo permanecía abstraído, disfrutando con aquella clase magistral, fascinado con la elegancia de aquella mujer y con el interés de las niñas. Creí entender que las perlas que ella tenía eran principalmente de Tahití, en la Polinesia Francesa. Algo dijo también de unas perlas ensangrentadas.

Volvimos a casa y, cuando todas se hubieron acostado, traté de traducir al francés (para mandárselo) este escrito de María Zambrano:

«Más allá donde el horizonte se deslíe, se vislumbra la perla naciente, sin envoltura alguna, sola. No esta dentro no fuera de nada; no está, y por ello no puede ser visible mostrándose a las claras: pura claridad de un cuerpo sin espesor ni condensación. Y que ya no se consume, por ser transparente. Llama pálida sin centro oscuro, sin resplandor, prenda, adelanto de una pura visión, sin horizonte ya, más allá de la pasión que engendra el horizonte y de la voluntad que lo sostiene, más allá del padecer, del penar por ser, por ver, a aun por tocar, satisfacción también de los sentidos que buscan su materia. Ya no hay más que pensar cuando la perla por si misma se da. La intangible y viviente perla, don, adelanto de un cuerpo glorioso».

Fin.

 

 

3 Comments BREVE DIARIO DE UN CONFINAMIENTO POR CORONAVIRUS (Final)

  1. M. Eugenia 22/03/2020 at 22:57

    Precioso. Sigue escribiendo desde el confinamiento, por favor…. un abrazo!

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  2. Monika 24/03/2020 at 21:27

    Con qué gusto he leído todos estos días tu breve diario, querido Álvaro! Sigue escribiendo, te lo pido, que este encierro sin tus líneas no es lo mismo…recibe mi cariño desde Berlín! M

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  3. Álvaro de la Rica 25/03/2020 at 00:08

    Muchas gracias a las dos.

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