BREVE DIARIO DE UN CONFINAMIENTO POR CORONAVIRUS (4)

Ya llevamos cuatro días de confinamiento. Surgen los primeros síntomas de cansancio, mental sobre todo. Alguna contestación fuera de lugar, pequeñas muestras de impaciencia. Me duelen más a mí que a la que las sufre. Por ahora.

Nos hicimos un horario y lo estamos cumpliendo, hasta cierto punto. Dijimos que íbamos a ser flexibles, pero estamos más bien en la laxitud. El cuerpo no termina de adaptarse. Los libros, comenzados hace dos o tres días con entusiasmo, se me hacen pesados. He cambiado de libro varias veces, y nada.

Lo más difícil de controlar son las horas de sueño. Por las noches me quedaría hasta las cuatro, plantado en el sofá, con la mente casi en blanco. Por las mañanas no hay forma de levantarme a la hora señalada. Ya ni siquiera escucho la radio. Estoy bastante saturado.

Ese hastío, todavía ligero, me impide también comunicarme con los que están en sus casas. No soporto el guasap. Así de claro, y hablar por teléfono me cuesta. Apenas llegan correos y los que llegan son cada vez más absurdos; parecen escritos con una semana de retraso.

En cambio, espero como agua de mayo un libro que me enviaban de Inglaterra (una edición con los escritos completos de Juliana de Norwich) y no hay forma de que llegue. No me aclaro si el correo funciona, o no. La señora que limpia la escalera sí ha venido a trabajar. Pobre.

Tengo una reseña para el ABC a medio hacer. Me la encargaron –se trata de un ensayo sobre la tragedia griega, ¡qué oportunamente! – la semana pasada y la empecé, pero ahora todo lo que he escrito me parece completamente banal y prescindible. No sé si la mandaré.

Y después está este dichoso diario.

¿Qué hago? Ganas de escribirlo, cero.

Acaso lo lee alguien. ¿A quién le importa lo que yo piense, lo que sienta? No me dijo un día Claudio Magris que nuestras pasiones nos exponen al ridículo. Lo dijo o lo escribió, no me acuerdo. Hoy me he acordado de él. ¿Qué hará allí en Trieste? Tienes sus años, ya. Eso les ocurre a unos cuantos amigos míos, pienso en Gérard y Laura, en Flo, en Don José María, en Tomàs. ¡Mis maestros! Sólo faltaba que cojan en virus. El que me muero soy yo.

De mi entorno familiar, por ahora, que yo sepa, sólo tengo un primo que lo está pasando mal no, muy mal. Tiene cáncer y estaba en pleno tratamiento. No tiene defensas. Se llama Javi. Se infectó. En Madrid. Lleva unos cuatro días en la UVI, dándole capotazos a la muerte. Sin querer me ha salido una expresión que seguro que a él le gustaría. Viene de una familia de ganaderos del mundo del toro. Es filósofo de profesión (hay gente pa tó). Lleva años promoviendo un colegio para huérfanos en Kenia. Se ha comprometido tanto con eso que no sólo se ha gastado su dinero (me imagino que siendo filósofo no tendría mucho) sino que me consta que ha llegado a entramparse con créditos que va pagando poco a poco.

Inés (mi compañera de encierro; la puerta que Dios me ha dado para ver a cada momento el horizonte) hemos decidido rezar cada noche un misterio del Rosario, por Javi. Ella se ha empeñado en decir todos los días las letanías y la verdad es que suenan a gloria, sobre todo en latín. Al menos tenemos la talla de madera clara enfrente mientras rezamos.

Tranquilos, que al primero que no me gusta nada hablar de la cotidianidad es a mí; ha sido una excepción, casi un lapsus.

4 Comments BREVE DIARIO DE UN CONFINAMIENTO POR CORONAVIRUS (4)

  1. Natalia 17/03/2020 at 19:27

    Gracias.
    Gracias por escribir este diario. Yo lo leo, muchos lo leemos.

    ¡Rezaremos por Javi!

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  2. M. Eugenia 18/03/2020 at 17:46

    Yo también te leo, y me gustan mucho tus reflexiones. Sigue con ello, por favor. Rezo por tu primo. Le conozco indirectamente, pues usé durante un tiempo un libro suyo para mis clases de Filosofía. También he seguido sus andanzas en Kenya. Mucha pena. Ánimo estos días, que esto va para largo….

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  3. Álvaro de la Rica 18/03/2020 at 18:52

    Muchas gracias a las dos; también por los rezos.

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  4. David Gutierrez 19/03/2020 at 12:37

    A mí me parece un bálsamo leer tus diarios del confinamiento (dadas las circunstancias)
    Esta es una joya, sobre todo la parte final

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