Lo esencial. El diseño y otras cosas de la vida (Miguel Milá)

Recordaba, leyendo el libro-testamento del diseñador Miguel Milá, la conferencia que Eugenio D´Ors pronunció en 1915 en la Residencia de Estudiantes, que tituló Aprendizaje y heroísmo y que terminaba afirmando que de nuestras vidas solo quedará la obra bien hecha. Al comienzo de aquella charla, todo un programa artístico y vital, alguien le decía a su hijo que un hombre que había pasado por su casa, caricaturista en un periódico, cometía una inmoralidad cuando se quejaba de que ese trabajo alimenticio le impedía pintar. La tesis de fondo de D´Ors es que no se deja de pintar por tener otro trabajo sino porque, al despreciarlo, al separar el ideal de pintar de la realidad de la vida de caricaturista, éste era incapaz de realizar ninguna forma de arte.
«Lo bien hecho – afirma Milá – no tiene solo un sentido moral. Para mí lo bien hecho también es lo bien ejecutado. Tiene que ver con la competencia y con el pundonor, con la responsabilidad y hasta con el talento. Revela mucho. Y disfruto viéndolo. Me fascina. Yo creo que lo cotidiano bien hecho trasciende». Y es el caso de sus lámparas, que tanto han destacado por su elegante sencillez, por su ligereza y por el modo matizado, no invasivo, de cumplir su función de dar luz, de sus sillas y taburetes, de sus trabajos de obra pública (farolas, bancos), muchos de ellos galardonados internacionalmente, pero, sobre todo, apreciados por el público que los compra y los cuida y conserva valorándolos como oro en paño.
Objetos que perdurarán en el tiempo, con la marca de otro momento, pero abiertos al futuro con la gravedad de lo que parece haber estado ahí siempre, el sello de la belleza, en pocas palabras.
«Creo que la estética – continúa diciendo– debe salir del interior de las cosas. No imponerse a la esencia de las cosas. Me parece que sólo si sale de dentro la belleza es profunda y real, verdadera. Añadir estética, como si fuera maquillaje, es una tontería. Porque el tiempo termina por ajar esa capa de disfraz. La pretensión me genera rechazo. Mucho más que la torpeza. La torpeza me enternece». Torpeza, falta de medios, ausencia de facilidad, observación, humildad, austeridad; en la obra de Miguel Milá sobresalen las posibilidades inmensas de un sentido fuerte de la limitación.
«El confort es serenidad, ausencia de ruido, generosidad con el espacio y la luz necesaria. En mi casa no dejo de ver posibilidades de mejora y esa mejora tiene que ver siempre con la comodidad, con pequeños cambios para estar más a gusto en casa». Milá trabaja con atención e ingenio, con un deseo innato de ser útil, de solucionar problemas para hacer de la vida de las personas algo más confortable. Y lo ha realizado también con un marcado sentido social y familiar que no obstante surge del fondo de lo más personal. «Alguna vez mi mujer me llegó a pedir que diseñara algo que le gustara a la gente. Le contesté que cómo podía tratar de gustar a nadie, si no me gustaba a mí mismo».
El libro es una joya, editado acertada y discretamente por Anatxu Zabalbeascoa.

 

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