Italia oculta, terror contra democracia (Giuliano Turone)

«Italia oculta es un libro importante. Documenta con limpieza un pasado turbio, aún no del todo conocido». Suscribo esta afirmación del periodista especializado en la lucha contra la mafia, Corrado Strajano, del prólogo a la edición original italiana de un trabajo que suscita en el lector la estupefacción por el carácter terrible de lo que se cuenta, pero también unas ciertas dudas a la hora de zambullirse en esa ciénaga.
Un juez emérito del Tribunal de Casación (equivalente italiano de nuestro Tribunal Supremo), que ha intervenido en las causas abiertas por los crímenes cometidos por la mafia, y por elementos cercanos al poder político a finales de los 70 y comienzos de los 80 del siglo pasado, cambia la toga de magistrado por la pluma de historiador. Desde un nuevo contexto revisa algunos hechos (asesinatos, extorsiones, secuestros, violaciones, masacres colectivas), convertidos en método por diversos actores de la vida pública del país (siendo lo mas grave la más que justificada sospecha de que los hilos eran movidos por las más altas magistraturas del poder político, o sea por la cúpula de la Democracia cristiana y más en concreto por Francesco Cossiga y Giulio Andreotti en connivencia con la Logia masónica Propaganda-2).
Los hechos que en su día obtuvieron una valoración judicial (a menudo lastrada por las presiones del poder) se retoman ya sin las exigencias estructurales, procesales y probatorias propias del derecho penal (comenzando por el principio de la presunción de inocencia), y con ello Turone se coloca en el difícil equilibrio del cambio de contexto (algo sobre lo que han escrito páginas esenciales jueces como Piero Calamandrei, historiadores como Carlo Ginzburg y literatos como Leonardo Sciascia, precisamente en una novela –El contexto– en la que desentraña a la Democracia cristiana en aquellos años llamados con toda justicia “los años de plomo”).
Dos anotaciones respecto de este punto crucial. Una corriente jurídica ha promovido la necesidad, en casos en los que la delincuencia puede resultar sistémica, de aligerar garantías en favor de una instrucción más abierta en la que las distintas piezas penales puedan ser de algún modo integradas en valoraciones comprehensivas. En pro de la verdad, claro, pero con ciertos riesgos para la seguridad jurídica que aquí no puedo comentar. Desconozco hasta qué punto Turone participó como juez de esta línea teórica. Lo que sí resulta nítido en su libro es que, como historiador, se limita al uso casi en exclusiva de fuentes judiciales (instrucciones, vistas y sentencias). Toma hechos incluidos en los autos que sirvieron o no para condenar a los investigados y, en otro contexto, le sirven para ofrecer una interpretación más general. No olvidemos tampoco que con frecuencia los hechos fueron tratados y valorados por los actores judiciales bajo las peores amenazas provenientes de ese poder oscuro y maléfico.
Por lo tanto, pienso que este libro apasionante y extraordinario por su rigor, por su coraje civil (la trama que bosqueja está lejos de haber finalizado), tiene al menos tres planos para una posible lectura. El primero en tanto que ofrece una revisión de unos procesos judiciales con frecuencia viciados. No tendrá un valor penal, pero servirá para escribir la Historia del sistema judicial italiano de un momento determinado. El segundo, el plano historiográfico, contiene una aportación de datos fenomenal, pero, como he tratado de apuntar, presenta un problema de orden interpretativo que requeriría añadir algunos otros elementos de equilibrio; tampoco puedo aquí desarrollar algunos de estos aspectos que son sobre todo de naturaleza política.
Por último, está el plano sapiencial. Italia oculta (comenzando por el título: habla de los horrores del poder secreto, pero también de algunos héroes civiles acaso postergados que no se dejaron amedrentar), queriéndolo el autor o no, es una larga, lucida y en último término abierta reflexión sobre aspectos esenciales de la condición humana, especialmente el poder. Al mostrar con gran capacidad narrativa (orden y claridad, atención al detalle, capacidad de síntesis) tantas acciones de los hombres (la mayoría viles, otras no), en un contexto político y social, nos permite establecer un argumento, lo que los clásicos llaman un «mito» o «fábula». El juez, el historiador se transforma en literato y en filósofo. Italia oculta como metáfora tiene un interés máximo.
La tendencia mostrenca del poder ha dado lugar a la gran literatura: de Dante o Kafka al surrealismo y al teatro del absurdo. Todos aparecen citados, de pasada, por Turone. Pero a la vista de la trama del libro ¬–la conclusión es que la decapitada P2 no era sino la sombra de una P1 mucho más poderosa y persistente– yo me acordaba de El hombre que fue jueves. Recuerdo al lector que la genial mascarada de Chesterton lleva como subtítulo: Una pesadilla.

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