Los diarios de Ricardo Piglia

A mí lo que menos me interesa, la verdad, es Emilio Renzi. Hay un fragmento de Imre Kértesz en el que dice que “siempre llevamos con nosotros nuestra vida. Gobernar la cosa rumbo al final. Comparar la importancia de cada cosa con la muerte”. Ignoro cuándo lo escribió. Tal vez lo hizo en una estancia en Madeira, en los años finales. He leído con pasión Los días sin fecha de Piglia (En Los diarios de Emilio Renzi, Anagrama, 2017. Volumen 3). Los había leído en El País. En la página de atrás del viejo e incomparable Babelia, donde recuerdo haber leído también alguna que otra joya de Menchu Gutiérrez y un bonito texto de Magris en el que hablaba sobre el final del verano. Ni siquiera recuerdo en que año se publicaban esos fragmentos de diario, pero creo que son una de las cumbres de la literatura en castellano del paso del siglo XX al XXI. No exagero. Vienen precedidos, como ocurre, respecto de sus fragmentos finales, en el caso paralelo de Kértesz, de toda una vida: son su culminación literaria, aunque no parezcan gran cosa, apenas unas formas breves o las notas de un condenado a pena de galera. Piglia lo había intentado de diversas maneras: un diario que hablaba de literatura (todo un ensayo sobre Macedonio emboscado en esa jaula autobiográfica, más y más notas sobre literatura desgranadas en la secuencia ficticia de los días, la proyección de un personaje, creíble o no, que cuenta el devenir de sus días). Por fin se liberó de todo eso y escribió cincuenta páginas que había destilado a lo largo de cincuenta años de silencioso trabajo literario. Escritas en la cercanía de la muerte están más vivas que el resto de su obra. Ahí está todo. Verdadera materia de estudio y “crítica concreta” (me gusta la fórmula que emplea para designar la “close-reading” que nunca llegó del todo a practicar). En este punto, Kértesz y Piglia corrieron, como ya he dicho, caminos paralelos y yo me propongo desentrañarlos en parte; a juzgar por mis primeros intentos, la cuestión es endiabladamente difícil: como se transforma la vida en anotación diaria y ésta en ficción literaria, en pensamiento, en poesía.

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