Quemaduras (Dolores Prato)

“¡Vi por primera vez, más allá de los tejados, un pedazo de mar nocturno!” Había una luz de noche: una luz crepuscular que, si no la hubiera visto, no me la habría podido imaginar jamás. Me quedé allí mirando las estrellas y el mar, y mi felicidad se diluyó entre todo aquello tan lenta y dulcemente que se volvió paz. Una paz en oración ante el milagro de un agua nocturna bajo las estrellas” (35-36). El hilo de una firme lucidez recorre este breve escrito de Dolores Prato (Quemaduras, minúscula, 2017. Traducción de César Palma). Es el hilo del conocimiento y el aprendizaje no del dolor sino de la vida, aunque como manifiesta la autora de esta joya literaria, al final, en la última línea, en su vida el amor terminase por arrancarla de sí, arrojarla al suelo y aplastarla (cf. 57). ¿Qué es lo que le quema a esa voz tersa y a la vez fuerte que desgrana los pasos en el laberinto de un convento en el que se agazapa, como las espinas entre las rosas, la religión oscura y ciega de la voluntad  de poder sobre el prójimo? Lo expresa, con una sencillez de maravilla, cuando dice: “Yo había caído a merced de aquella alegría irresistible e indomable que se apoderaba de mí de vez en cuando por cualquier cosa” (46). Le quema, pues, no tanto la brutal imposición de tanta amargura, por parte de las monjas, sino la intuición de que, por medio del misterio, un conocimiento propio y fundante, en el momento clave de la elección de vida, puede alcanzar el deseo, el sueño, la acción (que le llevará a proseguir estudiando) y el amor (que, en su caso, estaba ya herido de muerte)

P.S. He visto con placer y regocijo Una pastelería en Tokyo (de Naomi Kawase), de la que conocía su increíble En el bosque del duelo, y encuentro un paralelismo directo con la confesión de Prato. Una mujer, que padece lepra, y sufre sobre todo por la amarga idiotez de los demás, encuentra la apropiación de su ser en el diálogo cuidadoso con la naturaleza (con el aire y las flores, pero también con los corazones abiertos al amor con los que felizmente se encuentra). Pura poesía. Belleza pura.

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