La restauración en Alemania

Vaya por delante que ignoro si lo que voy a contar aquí es o no generalizable a todo el país. Yo he estado unas semanas en Heidelberg, paseando de norte a sur por el Estado federado de Baden-Wurtenberg, de modo que a ese espacio limito mis apreciaciones. Me han maravillado, de la restauración alemana,  dos cosas: la primera, lo limpios que están los aseos, cosa de mucha monta para alguien como yo, y lo segundo la flexibilidad (una virtud hermana pequeña de las altísimas virtudes de la hospitalidad y de la tolerancia) con la que los restauradores alemanes manejan su noble oficio. De la primera, por sencilla y evidente, no diré nada. De la segunda sí. Todo se resume en lo siguiente: allí te acogen y te dan todo tipo de facilidades cuando te atreves a yantar en casa ajena. Un día, a una hora inhabitual, yo tenía hambre, pero mi acompañante no tanta. Como ella conocía mejor que yo las gracias de la zona, me dijo: “No te preocupes. Entramos a ese restaurante, tú comes y yo te acompaño bebiendo tranquilamente una cerveza.” Dicho y hecho: entramos, preguntamos si tenían inconveniente en que comiera solo yo, y por supuesto nos encontramos con una sonrisa tan amplia como sincera. Otro día desayunamos en una terraza. El café era bueno pero los croissants no. Yo había observado que, de camino al establecimiento, en una esquina, flanqueada por dos grandes corolas de piedra repletas de romero y laurel, se abría la puerta de una espléndida panadería. Por más ganas que tuviese, Ni se me ocurría preguntar si cabía la posibilidad de combinar los panes y la bollería del panadero con el café del cafetero. Mi amiga, leyéndome el pensamiento, afirmó: “Claro. Mañana lo haremos así”. Y sin el menor problema, en adelante, disfrutamos de tan afortunada simbiosis. En Alemania no hay, por tanto, como en España (¿debería limitarme a escribir Navarra?), que tomar tres platos si uno no desea asistir a la metamorfosis del careto del camarero. No hay que sujetarse al menú toda la mesa para que uno pueda disfrutar de sus ventajas. Ni hay que manterse en posición genuflexa durante la comida por miedo a molestar al hostelero, a quien ya antes de comenzar la comida parece que uno le debe el montante de la misma. ¿Exagero? Tal vez, pero lo que sí puedo asegurar es que, también en este sentido, el paso por Alemania me ha producido una envidia cierta.

2 Comments La restauración en Alemania

  1. ALVARO DE LA RICA 17/01/2017 at 16:38

    Me han encantado lo de la “metamorfosis del careto del camarero”. Si te sirve de algo, creo que quedarían mejor los post si justificaras el margen izquierdo, con lo bonito que es el diseño, da rabia.

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  2. Álvaro de la Rica 17/01/2017 at 23:02

    pues tienes toda la razón, voy a ver si lo cambio

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