Verano con libros

Tengo la mesa de comedor de mi casa llena de libros. Los he ido posando allí, antes y después de leerlos, durante estos meses atrás, en los que me han sucedido cosas de las que marcan el tiempo de uno. Kertész, dos Steiner y Magris, ensayos sobre Latour o El Bosco, el gran Capograssi, Claude-Edmonde Magny, Simon Critchley, biografías de Philip Roth y de Semprún y la correspondencia Melville-Hawthorne, dos espléndidos Atalantas (Somerset Maugham y Robert Aickmann), el Trieste de Drndic y el libro de Svetlana Boyn sobre el la nostalgia del exilio, Aleksandra Lun y Elisa Rodríguez-Court arriesgando a tope, y tres Tanizakis (El club de los gourmets, que es una genialidad, los cuentos amorosos y la traducción directa del japonés del Elogio de la sombra). Trataré de ir contando un poco de todo eso. ¡Ah, se me olvidaba! También leí con fascinación La presa de Nemirowsky.

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