La realidad del sueño

En los sueños reconocemos a determinadas personas que aparecen en ellos con sus rasgos clavados, con sus nombres propios, con actitudes que bien pueden ser, podrían haber sido o podrían ser las de quienes nos rodean. Pero a menudo aparecen quienes tienen rasgos característicos de más de una persona conocida. O uno de alguien en concreto, por ejemplo, su ternura o su violencia, y otro de otros, como en una amalgama. Sujetos que se conforman de modo múltiple con las reacciones o las pasiones de varias personas que conocemos previamente o que ni siquiera conocemos pero que muestran trazos que están ahí. Por ejemplo en un sueño podemos decir a alguien desconocido que le deseamos pero en realidad estamos proyectando sobre él o ella el deseo que portamos hacia otra persona conocida (en la realidad y/o en el propio sueño). Es algo bello y extraño. Y además es exactamente cómo trabaja la mente activa de un novelista. Cuando se dice que crea un personaje en realidad lo que hace es reconocerlo, verlo, en su compleja multiplicidad. La máscara de cualquier protagonista esconde no uno sino varios rostros. De nada vale inventar. Hay que limitarse a esperar y atender a su evolución. Si te saltas esto, y pones algo de tu cosecha, se abre inmediatamente una grieta que arruina completamente la novela.

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