Claudio Magris sobre No te vayas sin mí

El pasado 13 de agosto, en Il Corriere della sera, Claudio Magris escribió un texto – El amor necesita de “terceros”–  sobre La tercera persona y No te vayas sin mí. La traducción es de Víctor Balcells.

“Debemos buscar un tercero que nos mire, nos envidie y nos reproche. Entre dos personas solas el amor no es posible…”. Así se interrumpe uno de los textos más importantes jamás escritos acerca de la pasión amorosa, acerca de su insostenible afán de absoluto, acerca de la totalidad que arranca de cualquier otra realidad: el fragmento Viaje al paraíso incluido en la parte inconclusa de El hombre sin atributos de Robert Musil.

Como en el texto musiliano -obra maestra en la obra maestra- también en La tercera persona, de Álvaro de la Rica (Ediciones Alfabia, 2012), la presencia de un tercero en el amor no tiene nada que ver con el rancio ménage à trois ni con ninguna resabiada transgresión erótica. Es la intensidad de un amor total, el absoluto de un amor que, en Musil, necesita de una relajación; tiene necesidad del mundo, de su relatividad y de su banalidad, es decir, de terceras personas que, precisamente porque son extrañas a la incandescente plenitud de Eros, ayudan a encontrar aquella indiferente costumbre cotidiana que no se puede dejar de lado, porque no se puede estar siempre en la cumbre y en el corazón de la vida, en lo esencial, como tampoco se puede permanecer estable en una perfecta tensión mística.

Más allá de la incomparable grandeza de Musil, la intensa y potente novela de Álvaro de la Rica afronta con fuerza poética y con sobriedad el tema del amor y de su relación con aquella tercera persona que siempre es el mundo respecto a Eros. Nacido en 1965 en Madrid y profesor en la Universidad de Navarra, Álvaro de la Rica es un escritor agudo y original, autor de ensayos interesantísimos (como uno fundamental acerca de Kafka) y de una novela, como la reciente No te vayas sin mí, que vuelve sobre el tema de la cercanía/lejanía del amor y, además, retoma explícitamente La tercera persona, que se convierte aquí casi en el prólogo de una historia más vasta. Libros invadidos por una profunda humanidad, por una pietas religiosa y desprejuiciada, por un sentido de la sagrada, dolorosa y apasionada condición humana, todo ello expresado con una concisa precisión estilística.

La tercera persona se articula en tres partes. En la primera, la historia de dos amantes encuentra un oyente en un casual vecino de mesa en un bistró, aquel “otro” sin el cual nuestras historias no existirían, porque una historia no contada y no escuchada por nadie es como si no existiese. Aquel tercero es el mundo que devuelve como un eco las historias que le llegan; eco que se enreda con las otras voces creando un coro o, por lo menos, un contracanto, un diálogo en el que esas voces, las palabras, los sentimientos y las cosas adquieren un significado posterior.

En los dos capítulos que siguen, una mujer le habla a un hombre y el hombre le habla a la mujer de su historia conjunta, de su vínculo estrecho y frágil, del tercero que ha entrado en sus vida interponiéndose entre ellos.

También en estas páginas, como en No te vayas sin mí, Álvaro de la Rica se adentra en los meandros de la existencia en los que, entre los amantes -que querrían ser una sola cosa pero no pueden lograrlo, por causas tanto externas como internas, y que tal vez no resistirían el hecho de ser auténticamente una sola cosa- se introduce alguien o algo que los coloca en un camino que, tal vez, es el humanamente más justo.

(«Dobbiamo cercare un terzo che ci guardi, ci invidi e ci rimproveri. Fra due persone sole l’amore non è possibile…». Così si interrompe uno dei testi più grandi che siano mai stati scritti sulla passione amorosa, sulla sua assolutezza insostenibile, sulla sua totalità che strappa ad ogni altra realtà: il frammento Viaggio in paradiso compreso nella parte incompiuta del l’Uomo senza qualità di Robert Musil.
Come in questo testo musiliano — capolavoro nel capolavoro — anche nella Tercera persona di Álvaro de la Rica (Ediciones Alfabia, 2012, pagine 99, € 13) questa presenza di un terzo nell’amore non ha nulla a che vedere con lo stantio ménage à trois né con alcuna risaputa trasgressione erotica. È l’intensità di un amore totale, l’assoluto di un amore che, in Musil, necessita di un allentamento; ha bisogno del mondo, della sua relatività e della sua buona banalità ossia di tanti terzi che, proprio perché estranei all’incandescente pienezza di Eros, aiutano a trovare quella indifferente consuetudine quotidiana di cui non si può fare a meno, perché non si può restare sempre sulla vetta e nel cuore della vita, nel l’essenziale, come non si può restare stabilmente in una perfetta tensione mistica.
A parte l’incomparabile grandezza di Musil, l’intenso e forte romanzo di Álvaro de la Rica affronta con forza po- etica e con sobrietà il tema dell’amore e del suo rapporto con quel terzo che è sempre il mondo rispetto all’Eros. Nato nel 1965 a Madrid e docente all’Università di Navarra, Álvaro de la Rica è uno scrittore acuto e originale, autore di saggi interessantissimi (come uno fondamentale su Kafka) e di un romanzo, come il recentissimo No te vayas sin mí, che riprende il tema della vicinanza/lontananza dell’amore e anzi riprende esplicitamente La Tercera Persona, che diviene, pur nella sua autosufficienza, quasi il prologo di una storia più vasta. Libri tutti pervasi da profonda umanità, da pietas religiosa e spregiudicata, da un senso della sacra, dolorosa e appassionata condizione umana, espresso con stringata precisione stilistica.
La Tercera Persona si articola in tre parti. Nella prima, la vicenda di due amanti trova in un occasionale vicino quell’ascoltatore, quell’«altro» senza il quale le nostre storie non esisterebbero, perché una storia non raccontata a nessuno e non sentita da nessuno è come non esistesse. Quel terzo è il mondo che rimanda come un’eco le storie che gli arrivano; eco che s’intreccia alle altre voci, creando un coro o almeno un controcanto, un dialogo in cui le voci, le parole, i sentimenti e le cose acquistano un ulteriore significato.
Nei due capitoli seguenti, una donna parla a un uomo e l’uomo parla a lei della loro storia, del loro legame forte e fragile, del terzo che è entrato nella loro vita interponendosi fra loro. Anche in queste pagine, come in No te vayas sin mí, Álvaro de la Rica entra nei meandri dell’esistenza in cui, fra gli amanti – che vorrebbero essere una cosa sola, ma non lo possono, per cause sia esterne sia interne, e che forse non resisterebbero a essere autenticamente una cosa sola – s’inserisce qualcuno o qualcos’altro a metterli su una via che forse è quella umanamente più giusta).

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