La sociedad del cansancio (Byung-Chul Han)

Desde que a primeros del mes de julio ha dado comienzo el baile de las vacaciones de verano, llevo oídas al menos tres noticias de personas cercanas que, en un gimnasio, al orillarse por fin al borde de una piscina o en pleno viaje hacia el lugar de descanso, han sufrido accidentes cardiovasculares de importancia. Vivimos con un grado de aceleración, en unos niveles de stress de tal calibre, que eso es lo menos que nos puede ocurrir. En  otro orden de cosas, los padres que tenemos hijos pequeños o adolescentes, y que tratamos con otros padres, y con los amigos y compañeros de nuestros hijos, sabemos que el número de casos de patologías del aprendizaje (TDH, dislexias, déficits de atención), y otras aún más graves como el trastorno límite de la personalidad, se están disparando. El número de alumnos medicados en cada aula de cada colegio es como mínimo llamativo. Y espérate al resultado del daño psicológico que el uso masivo, descontrolado u obsesivo de los nuevos medios electrónicos puede estar produciendo en el desarrollo de una generación de niños.

Sobre esta realidad enfermiza hablan a diario muchos expertos o no de todo tipo y también, de modo particular, cada cual se hace su opinión, al hilo de la experiencia propia y ajena. A mí particularmente me interesa lo que dicen los filósofos, a los que atribuyo más que ningún otro la capacidad de ver cualquier fenómeno en su conjunto. Y me interesa más lo que dice un libro que lo que se apunta en un puñado de artículos (un viejo profesor mío de periodismo, de esos que se leía siete periódicos al día, me enseñó hace mucho que para estar de verdad informado, y eso que no hablaba propiamente de conocimiento, lo que había que hacer era leer libros). Por eso me precipité, nada más verlo, sobre La sociedad del cansancio (Herder, 2014) de Byung-Chul-Han, que trata el tema de un modo sapiencial. Un pequeño volumen que lleva camino de convertirse, con todo merecimiento, en un best-seller.

De modo resumido, la tesis que el filósofo alemán, de origen coreano, desarrolla con todo rigor y brillantez es la siguiente: en paralelo con el hecho de que, en el plano biológico, la época en la que predominaba la enfermedad bacterial fue superada gracias al desarrollo de sistemas eficaces de inmunología, y le ha sucedido un conjunto de enfermedades de carácter neuronal, a la sociedad que se sustentaba sobre un paradigma “negativo” (que ponía por delante la prohibición, la censura, la limitación externa de todas las actividades humanas) le ha seguido una sociedad conformada sobre la base de la “positividad”. En un plano formal, pero también en cuanto a las posibilidades reales de actuar de cada persona, prevalecen lemas como  “prohibido prohibir” o, aún más a la moda, el “Yes we can” o  el puñetero “Podemos”. Todo está abierto. Todo está al alcance de la mano. No hay límites. Vivan las cigarras y que se mueran las hormigas. ¿Quién da más? Desde la cuna a la caja de pino, en todo, hay que aspirar siempre al plus ultra. El inconformismo generalizado y una creciente inquietud nos agotan, nos acogotan, nos arrumban, nos aislan, sin apenas darnos cuenta nos destrozan. En teoría todos tenemos derecho a todo, aunque en la práctica eso signifique a menudo la constatación del fraude de un aparente e inmenso vacío.

Byung-Chul Han forma parte del profesorado de la Escuela Superior de Arte y Diseño de Karlsruhe. Como Sloterdijk y Thomas Struth, o en el pasado Borys Groys o Hans Belting. Por lo que veo, este centro acabará siendo histórico: desde allí se está produciendo una parte decisiva de la reflexión contemporánea sobre las relaciones del arte, la política y la sociedad.

 

4 Comments La sociedad del cansancio (Byung-Chul Han)

  1. francis black 15/07/2014 at 10:04

    El problema es querer llegar a todo de una manera rápida, tener la sensación de que la fiesta siempre está en otro lado y querer participar. La gente que hace algo en serio se queda quietecita y gasta menos, estamos en la época del movimiento espasmódico, mental y físico.

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  2. Álvaro de la Rica 15/07/2014 at 10:31

    Totalmente de acuerdo. Pero que difícil a veces salirse de esa corriente.

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  3. francis black 15/07/2014 at 10:51

    Si. en una entrevista Mrozek lo explica :

    “La principal necesidad y aspiración del individuo es «estar bien». No me refiero sólo a no pasar hambre o frío sino a algo cuya mejor definición sería «sentirse bien». Uno se siente bien cuando experimenta una sensación de integridad, en el sentido de «totalidad». Yo me siento bien cuando me siento como uno, como un todo, «de una pieza», sin fragmentar. En la vida cotidiana este sentimiento de sentirse uno e indivisible, o mejor dicho, no tan dividido al menos, se consigue al conjugar varios elementos como: «Sé quién soy, sé cuál es el lugar que debo ocupar y estoy en ese preciso lugar, sé lo que hago y por qué lo hago, sé cómo se hace», y así. Para el individuo la única percepción válida de progreso es el que supone pasar de «sentirse mal» a «sentirse bien». Individualmente este progreso es posible, pero sólo unas cuantas personas son capaces de vivir una vida individual, independientemente de las circunstancias sociales o incluso oponiéndose a ellas.”

    Mrozek
    ……
    Bueno, si encuentras el truco me lo pasas.

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  4. Mora Fandos 23/07/2014 at 09:32

    Muy buen libro y muy buena reseña. A mí me encantó, con esa sencillez expositiva y esa intuición para saber conectar. Y, desde luego, ser un posmoderno que ejerce la crítica dentro de su propia tradición. Todo un ejemplo de honestidad intelectual.

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