«Por favor, ¿dime qué leo?»

Hace pocos días una persona muy querida me pidió una lista de libros para leer. Como al personaje de Gatsby, desde pequeño me gustan las listas. Se puede decir que me he pasado la vida confeccionando listas, y aún hoy sigo haciéndolas. Mis hermanos se reían de mí cuando me veían añadir una lista más. En cambio no me gusta mucho ni siquiera sugerir a nadie qué debe leer: se trata de algo tan íntimo: yo como es natural desconozco en qué momento está cada cual o porqué puede alguien querer leer algo concreto en un momento determinado. Hace muchos años que aprendí que leer se parece al respirar, al pasear o al mismo vivir. Se va haciendo sin proponérselo, una cosa lleva a otra, cada quien tiene su modo de desenvolverse, su camino, su aventura. Pero en fin en este caso me pudo el cariño y a dicha persona le ofrecí esta cadena de quince joyas:

 

Diario de invierno, Paul Auster
Postales de invierno, Anne Beattie
Las fuentes del afecto, Maeve Brennan
En lontananza, Siri Hustved
Minuto de silencio, Sigfried Lenz
Los últimos testigos, Cynthia Ozick
La casa de la infancia, Marie Luise Kaschnitz
Memorias de África, Isak Dinesen
Una mañana en la costa, William Styron
Madame des Treimes, Edith Wharton
El vino de la soledad, Irene Nemirowsky
Verano y amor, William Trevor
La última noche, James Salter,
El tiempo de los regalos, Patrick Leigh-Fermor

La noche de mayo, Clement Rosset

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