Accidente, de Max Frisch y Uwe Johnson

Para alguien como yo, formado en el comparatismo literario, encontrarse con un libro como Accidente, recién publicado por errata naturae, en su aún corta pero ya prestigiosa colección El paisaje de los panoramas, y que contiene tres textos, a cual mejor, representa una alegría. El primero es una historia genialmente abocetada de Max Frisch, el Nobel suizo, titulada “Apuntes de un accidente”. Una pareja en plena (in)madurez vital viaja en un Porsche por la Provenza, en un periplo sin norte que refleja tristemente  la grieta por la que se pierde una relación completamente incompleta. Al relato de Frisch, que acaba en la muerte por accidente de la mujer, le sucede otro, de mayor extensión y seguramente más alcance, titulado Apuntes de un accidentado. En este caso se puede considerar que el accidente es de tipo laboral. Historia compleja que reúne anotaciones o apuntes acerca del Dr. Hinterhand, un refugiado político alemán encarcelado en los EEUU y que ha protagonizado otros textos de Uwe Johnson. Pero hay un tercer escrito, “Accidente de tráfico y accidente laboral: dos historias de hombres”, un largo ensayo de Norbert Mecklenburg en el que el crítico no se limita a poner las historias anteriores en relación, y en contexto, sino que va mucho más allá estableciendo con ellas un diálogo sobre los puntos cardinales de lo que está en juego en la obra de dos creadores de la talla de Frisch y Johnson. Magistral. Yo diría que se trata de una larga y pausada meditación sobre una serie de puntos que giran, como círculos concéntricos, en torno a estas palabras: accidente, matrimonio, hombre, mujer, exilio, trabajo creativo (sin duda esto es una redundancia, ya que todo trabajo lo es), libertad. Imposible detenerse una por una, al hilo de los tres textos y del conjunto que suman, en estas nociones a partir del material que suministra el libro, pero sí cabe apuntar a la primera de ellas, la que más veces aparece en los títulos y en el texto, la palabra “accidente”. Naturalmente que Frisch y Johnson se refieren ante todo al hecho fortuito y fatal por el que de una manera más o menos inesperada o abrupta una situación cambia acelerada y violentamente. Pero debajo hay más: accidente es una de las grandes categorías filosóficas sobre las que pende la estructura metafísica de la vida. A su vez resulta imposible agotar el sentido de ese concepto; debemos contentarnos con ensayar una aproximación descriptiva de su valor. Lo accidental, por contraste con lo sustancial, es la propiedad que las cosas que no son suficientes por sí mismas, “tienen”. O sea un accidente es una no-propiedad, una carencia sustancial, nunca mejor dicho. Pero lo extraordinario, lo que dota a lo accidental de una importancia clave es el hecho de que todo en la vida, todo, resulta accidental en la misma medida en que no subiste en el ser por sí mismo. El pensamiento humano, la vida y hasta la noción teológica de Gracia son accidentes. Pero del hecho de serlo depende en parte el carácter fascinante y transitorio de lo que llamamos comúnmente nuestra realidad de mujeres y de hombres (nuestro carácter sexuado por cierto también es un accidente). Sobre este panorama planean en el fondo estas tres maravillosas historias. Una materia ideal para pasar bajo un plátano una bella mañana de un mes agosto que va ya claramente de caída.

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