Cees Nooteboom y el lado oscuro

Poco a poco recupero, en medio de este estanque de horas blandas, algo de la tensión interior necesaria. Y lo hago gracias a algunas lecturas que me están devolviendo a la verdadera vida, la única que tolero sin que me falte casi literalmente el oxígeno para respirar. La última ha caído en mis manos por casualidad y cuando menos la esperaba. Se trata de Autorretrato de otro. Sueños de la isla y la ciudad de antaño, el último libro de Cees Nooteboom publicado en español. Lo ha editado en edición bilingüe Calambur (número 135 de su colección Poesía, 2013). La traducción de Fernando García de la Banda me parece excelente. Son treinta y tres prosas poéticas (y no poemas en prosa) escritas a partir de los treinta y tres dibujos que el pintor alemán Max Neumann envió al escritor a su casa de Menorca. Éste los colgó de las paredes, los contempló y escribió lo que le pareció oportuno a propósito de las extrañas figuraciones. El libro las reproduce una por una.

Una isla (por maravillosa que parezca), una mente delirante y vieja que contempla unas figuras, sueña, ve, y una mano que escribe. Patmos. Y los recuerdos desordenados de una ciudad antigua. O de varias: Roma, Jerusalén, Amsterdam, Bogotá, Comala, lo mismo da con tal de que haya basureros, prostíbulos y ratas.

Cada texto, más difícil e inquietante que el anterior, se acelera por medio de innumerables verbos de actividad. Se busca como en el viaje de Odiseo la casa del ser en el hacer y en el deshacer. A pesar de la velocidad de la sombra que se extiende con las palabras, al final yo he sentido una inmensa paz: acaso se me estaba muriendo el alma.

Ignoro si hay écfrasis o no en este texto: en cambio sí sé que se trata de un conjunto desarbolado de naturalezas vivas, o, puesto que hablamos de un holandés, de cosas que en vez de guardar silencio lo que hacen es gritar con el expresionismo de los bárbaros cristianizados. El legado pictórico, pero también místico  y teológico, hispano-flamenco es en parte la armadura de este escrito perdurable.

Antes he mencionado el sueño, pero en realidad debería hablar del recuerdo del sueño. Se trata de acariciar lo peor de las deformaciones de las pesadillas. Y a la vez de integrarlas con el cosmos, al modo de los surrealistas, de Réverdy y de Char. Y hasta del Claude Esteban que pernocta en los hospitales: “¿Sabes que eres la última persona que voy a ver?”. Aquí en España, después de Juan Rulfo, sólo Menchu Gutiérrez y Elisa Rodríguez-Court se han atrevido a adentrarse en ese bosque cuatro veces milenario.

Eso me lleva directo al hecho omnipresente de la muerte, y al encuentro inicial de dioses y hombres. Nooteboom no puede olvidar su educación católica o sea barroca: recuerdo el poema de Borges (Juan 1,14) en el que escribe que “Dios quiere andar entre los hombres/Y nace de una madre, como nacen/Los linajes que en el polvo se deshacen…”. Los dioses de las playas no pueden entrar en la muerte desde la vida. Y eso es su particular tragedia. Los mortales, cuando nos revientan los intestinos, no encontramos la puerta de vuelta a esta vida. Sólo ha habido uno capaz de “entrar y salir” a voluntad: No sois vosotros los que me dais muerte, soy yo el que entrego mi vida, y después la recupero libremente.

Cada acción verbal connota una búsqueda y un viaje. Un viaje de pérdida y reconocimiento de la nada que nos destruye. Al final sólo queda la mano de la escritura, la línea olvidadiza trazada sobre el naranja del papel. El arte. Principio de individuación. Exclusión de la comunión con nadie que no sea uno mismo.

 

 

3 Comments Cees Nooteboom y el lado oscuro

  1. delphine 24/07/2013 at 20:42

    Comment rester indifférente à ce billet qui reprend tant de sujets qui me sont chers? Il faudrait une autre vie pour pouvoir en parler à bâtons rompus, pour relire le texte de Cees Nooteboom dans les nuances de la version intégrale.

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  2. Álvaro de la Rica 25/07/2013 at 08:30

    Desde luego Delphine, ojalá no haya que esperar a otra vida. Te recomiendo este texto bellísimo que tú sí puedes leer en neerlandés.

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  3. delphine 25/07/2013 at 20:38

    Ojala! (je n’avais jamais réalisé qu’il s’agissait d’un dérivé d’Inch’Allah) Originale pas intégrale, mais tu l’avais compris. Je le prendrais bien en vacances.

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