Fondation Maeght, aujourd´hui, ça veut dire l´arnaque?

Estoy seguro de que no lo hacen a propósito y mucho menos con la intención de timar a nadie. Es cuestión de ignorancia (artística) pura y dura. De falta de una formación adecuada. Me explico. Voy a «La Maeght» de Saint Paul de Vence. Sólo de pensar en lo que voy a contemplar allí, me pone en un estado de ánimo muy peculiar. Giacometti, Chillida, Ubac, Miró, Bonnard, Matisse, Braque. Llego. ¿Y qué me encuentro? Al mono (de los c.) delante de un espejo. Aclaro que el de la foto (el de la bufanda), c´est moi. El otro es el mono. La instalación, ja-ja-ja, pertenece a la exposición temporal organizada por la benemérita institución. Las salas con la colección permanente han sido vaciadas para dejar espacio a la gran exploradora de las relaciones entre el hombre y el animal (yo, que me había topado con dos jirafas y tres babuinos en plena carretera, casi me muero del susto). Aparte de las esculturas y relieves, difíciles de manipular, si no se los hubieran llevado al trastero, el resto del arte ha desaparecido de la faz del edificio y ha dejado paso a lo que podríamos llamar «el arte después del arte», o sea, al simple disparate.  También había algo rosa, no sé si era un camello, el espíritu de una salchicha de Frankfurt o una girouette sobre la bien cuidada pelouse. Hacía juego nada menos que con el famoso laberinto de Miró y con un mural de Marc Chagall. Por fin encuentro refugio en la librería y, tras mandar a tomar viento a las cucharas/matisse y los posavasos/cézanne, me concentro en los viejos libros de las antiguas exposiciones, cuando la Maeght estaba dirigida por alguien que intuía el valor de lo que tenía entre las manos.

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