Amor de Haneke

La película Amor de Michael Haneke ha recibido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en la edición de los premios celebrada el pasado lunes. Y no me extraña. La cinta está bastante lograda, incluyendo una cierta dosis de simpleza que vuelve locos a los académicos de Hollywood. La historia que se nos narra es la siguiente: dos viejos parisinos, padres de una sola hija que vive infelizmente casada en Londres, cultos, elegantes, delicados en el trato mutuo, encaran la etapa final de la vida juntos e indefensos. La enfermedad le visita a ella y él la cuida y protege elevando en su entorno una muralla cada vez más alta. Lo quiere hacer él todo (la comida, el aseo de su esposa, su atención farmacológica, etc, etc), lo que conforme avanza la enfermedad cada vez resulta más agotador y frustrante. Pide algunas ayudas pero se niega a que otros (incluida su hija) tomen las riendas. Le ha prometido a su esposa que no morirá en el hospital. El deterioro avanza a ojos vista y con él el aislamiento en el que se autolimita termina siendo fatal. Decide fríamente asesinarla. La escena es de las más duras que yo he visto nunca. La ahoga con la almohada pero como está viejo casi no puede. Ella se retuerce. Él se retuerce y finalmente la amada esposa deja de respirar. El marido desaparece. ¿Dónde? ¿Se sumerge en el Sena? ¿Se entrega a la policía? ¿Vaga errabundo por las aceras de París? Nadie lo sabe.

Amor me parece una película más que pertinente en un momento como el actual. El debate entorno al término de la vida arrecia y esta creación aporta elementos importantes al debate. Y lo hace de un modo honesto, al menos para quien sepa ver cine. No es lo menos significativo el título de la misma. Amor. A mí no me cabe duda de que en la lógica de la historia el esposo amaba a su mujer. Con toda su limitación humana, con toda su confusión propia de la tensión a la que llega. Acabo señalando un elemento que puede parecer parcial y hasta suficiente. Me preguntaba qué hubiera ocurrido en el caso contrario si el enfermo hubiera sido el hombre. ¿Se habría aislado la mujer, prescindiendo de su hija, de sus amigos, de los médicos? ¿Habría desplegado semejante violencia final? Yo lo dudo. No sólo estoy diciendo que Amor refleja el sexismo aún imperante en las sociedades occidentales («la maté porque era mía») sino que refleja la razón del poder frente al poder de la razón, algo que culturalmente ha estado pegado a una concepción machista de la existencia humana. Algo que ojalá que entre todos consigamos desterrar para siempre.

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