Una narración perfecta

En una carta a su amante Louise Colet, del 16 de enero de 1852, Flaubert le describe su deseo de realizar un “libro sobre nada, sin referencia a cosa alguna, que se sostendría a sí mismo por la sola fuerza de su estilo, como la tierra se sostiene en el aire sin apoyos, un libro que apenas tendría un tema o cuyo tema sería casi invisible, si eso pudiese darse…” Esas frases se han hecho casi casi célebres en el mundo literario, pero apenas se han materializado nunca con éxito, al menos en el sentido en el que lo anhelaba el autor de Madame Bovary. Puedo decir que acabo de leer una historia, titulada como el libro en el que está incluida Una relación perfecta, que me ha recordado vivamente el ideal flaubertiano.

Una mujer (Chloë). Un hombre (Prosper) y un narrador omnisciente que los observa con atención y los describe con exactitud. La mujer se va de casa, el hombre lo siente, se imagina cosas (¿una tercera persona?), aprovecha para recordar, para hacer examen de conciencia, para dolerse por la pérdida. Ella da unos pocos pasos fuera de casa: se enfrenta a la incomodidad, a la soledad, a la frialdad de haber perdido un hogar. Apenas veinte páginas en las que no hay nada y sin embargo está todo. Dos historias fundidas en una, la bifurcación de sendos caminos y el reencuentro final, no en el entusiasmo pero sí en la comprensión mutua y en la tolerancia. El aprecio que sienten el uno por el otro, algo que a falta de un mejor nombre ellos acabarán denominando amor, amistad o compañerismo.

Hay un momento sublime. La vuelta a casa. “¿Por qué te has ido, Chloë?” Ella se planta delante de él e intenta explicar y explicarse a sí misma su fuga. Necesita dar razones, sobre todo porque las hay. No quiere justificarse (¿quién necesita justificar lo inevitable?) pero sí comprender. Sin un atisbo de luz y de calor no podría producirse una reconciliación duradera y su vuelta habría sido en vano. Dice el narrador: “Las palabras estaban allí, y lo había intentado antes. En las largas horas de una noche tras otra, sola en el piso mientras él se hallaba en la escuela nocturna, había intentado hilvanarlas para que, una vez convertidas en frases, se transformaran asimismo en sentimientos”. A pesar de lo mucho que lleva dentro, Chloë solo consigue articular tres oraciones breves. Esta es la última: “Uno comete un error, y solo se da cuenta cuando convive con él”. Al fin y al cabo, en una narración perfecta es mucho más importante lo que se omite que lo que se dice.

Trevor es un maestro de la narración en general y del relato corto en particular. ¿Cuál es el tema de Una relación perfecta? Todos y ninguno: el amor, el roce de la vida. ¿En qué se apoya? En nada que no sea el estilo: son las frases las que deben transformarse en sentimientos. De una manera a la vez visible e invisible, en la literatura pero también en brega diaria. Sin abrir ni cerrar nada definitivamente, con la discreción de un verdadero creador.

4 Comments Una narración perfecta

  1. Alegría 15/01/2013 at 21:44

    ” (…) en una narración perfecta es mucho más importante lo que se omite que lo que se dice (…)”. Perfecto

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  2. Mary 20/01/2013 at 16:36

    Impresionante, “busco las palabras…”
    Un abrazo.

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  3. Álvaro de la Rica 20/01/2013 at 22:33

    gracias Alegría
    gracias María
    FB, gracias por el artículo, muy bueno como de costumbre en TM
    Zambrano es para mí la número 1 del siglo XX en España y fuera (yo es a la que más admiro, leo y quiero)
    mira lo que puse como lema en mi cronología
    http://alvarodelarica.com/cronologia

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