Notas para un diario 241

Paracelso dijo que del sueño no podía nacer nada malo; Kafka demostró que eso no era cierto. “Auschwitz es la prueba de que el infierno existe y de que todos acabaremos allí”. Eso es indemostrable y yo lo que quiero, lo único que quiero es escribir una novela cubista. Fibras y fibrillas, como en Leiris. Sí, pues te diré otra cosa: Max, Max Jacob tenía los pantalones gastados por la rodilla de tanto rezar. Los pantalones los heredó Christian Bérard, sí esos mismos. Estoy en Shabbat y por lo tanto no debería estar escribiendo. Además el bueno de Max (como sería de bueno que Picassó, así, con acento en la ó, asistió a dos Misas por su eterno descanso, aunque en su descargo hay que decir que no era un héroe) mantenía entre las páginas de su Misal una lista con los nombres de todos los amigos por los que rezaba. Allí estaban todos los que eran: una generación dorada mencionada cada día en la plegaria de Drancy. Le fallaron los pulmones. El café se me está quedando frío. Apollinaire y los tiempos heroicos del cubismo. Las invasiones bárbaras. De nuevo. “Mis amigos que viajan sólo leen en el ipad”. Pues yo sólo sé que dentro de poco los libros se venderán en las joyerías.

2 Comments Notas para un diario 241

  1. Joseluís G. 08/09/2012 at 18:01

    Una buena amiga común me recomendó tu Hobby Horse, Álvaro. He disfrutado leyendo varias de tus entradas. Como parece natural a esta edad nuestra, no siempre comparto plenamente el contenido de tus “entries”, pero esas discrepancias alargan la sensación de paz y horadan en los agujeros de la reflexión. Escribes para que otros sean también fecundos. Eso añade alegría. Por ejemplo, no comparto, ya sabes, acotar la concepción del nortemaericano “Show, don´t tell” (que traduzco “No resumas, que se vea”) a las páginas de géneros periodísticos. A mí me resulta una de las maneras de escritura narrativa más leales que puede haber, porque piensa en la capacidad imaginativa y emocional del lector, sin escamotearle aristas relevantes de lo real de la ficción y sin engañarle de dirección hacia el final. Para informar con honradez bastaría con ceñirse a las preguntas de aquel hexámetro calagurritano: “Quis, quid, ubi, quibus auxiliis, cur, quomodo, quando”.
    Tu entrada de hoy, sábado, y la mención rendida a Max Jacob (más la emotiva entrada sobre Martini y su defunción del otro día) me hacen agradecerte con más fuerza aún tu labor de “Notas para un diario”, Álvaro. Aquellas palabras suyas en la versión de un joven José A. Millán Alba: “Yo abriría una escuela de vida interior, y escribiría en la puerta: Escuela de arte” encabezaban un libro que apuntaló el final de mi adolescencia y, sobre todo, me inició en enseñarme a leer y a releer buscando siempre. Desconocía el detalle de que Max Jacob tuviera desgastadas las rodilleras del pantalón. Hace poco entendí que en el orar de pie resuena la postura de la plegaria sacerdotal tan propia del credo hebreo. Y el extender los brazos. Los católicos unen reverencialmente las manos, como manumisos que aprecian la libertad y saben quién es su Señor.

    Te transcribo un haiku cubista:
    “O es la corriente
    u otro rumor del río
    indescifrable”.

    Saludos al otro Jacob. (Mt 12, 1-8… Sintieron hambre. Los demás. Otros. Apasionante). Un abrazo, Álvaro, y perdóname las pedanterías.

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    1. Álvaro de la Rica 08/09/2012 at 19:03

      nada que perdonar Joseluís, al contrario no sabes la alegría que me das pasándote por aquí
      tendría que escribir varias entradas dedicadas a responder a tu comentario, tanto lo aprecio y tanta riqueza me parece que tienen las apreciaciones y las referencias
      nos unen muchas cosas querido amigo, desde luego Max Jacob (yo también devoré más que leí aquellos Consejos…)
      De la belleza de ese haiku intentaré reponerme
      Show don’t tell, claro que va mucho más allá del periodismo (que ya es ir lejos) y entra de lleno en la tierra de la literatura pura y dura, y además de la mejor. (No me expliqué bien) En una de las presentaciones del libro, la de Barcelona, dije que para mí no hay nada como una buena historia contada del modo más directo posible. Puse el ejemplo de Joseph Roth, especialmente sus historias cortas, pero también mencione a Sherwood Anderon y a otros. Esa es la cima absoluta. En cierto sentido no es lo que a mí me sale, pero soy capaz de otorgarle su lugar.
      En fin, que gracias, y que espero leer y/u oír tus comentarios a menudo. Enriquecen mucho mi pobre aporte.

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