Notas para un diario 241

Paracelso dijo que del sueño no podía nacer nada malo; Kafka demostró que eso no era cierto. “Auschwitz es la prueba de que el infierno existe y de que todos acabaremos allí”. Eso es indemostrable y yo lo que quiero, lo único que quiero es escribir una novela cubista. Fibras y fibrillas, como en Leiris. Sí, pues te diré otra cosa: Max, Max Jacob tenía los pantalones gastados por la rodilla de tanto rezar. Los pantalones los heredó Christian Bérard, sí esos mismos. Estoy en Shabbat y por lo tanto no debería estar escribiendo. Además el bueno de Max (como sería de bueno que Picassó, así, con acento en la ó, asistió a dos Misas por su eterno descanso, aunque en su descargo hay que decir que no era un héroe) mantenía entre las páginas de su Misal una lista con los nombres de todos los amigos por los que rezaba. Allí estaban todos los que eran: una generación dorada mencionada cada día en la plegaria de Drancy. Le fallaron los pulmones. El café se me está quedando frío. Apollinaire y los tiempos heroicos del cubismo. Las invasiones bárbaras. De nuevo. «Mis amigos que viajan sólo leen en el ipad». Pues yo sólo sé que dentro de poco los libros se venderán en las joyerías.

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