Jean Daniel y el arte del retrato.

Jean Daniel (Premio Principe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2004) no sólo ha fundado en los 50 y dirigido Le Nouvel Observateur durante más de sesenta años (una publicación política y cultural que mantiene una tirada que supera el medio millón de copias semanales), sino que es un gran escritor político. Su talento se ha manifestado antes que nada en las distintas formas del género periodístico y entre todas ellas muy especialmente en el arte del retrato. Se dan una serie de cualidades personales en Jean Daniel que son raras: la ecuanimidad y la valentía para decir directamente lo que piensa, la delicadeza en el trato y la fuerza de sus posiciones, siempre del lado de la democracia y de los derechos humanos de todos los hombres, su intuición política, su capacidad de escuchar a los protagonistas adecuados en el momento oportuno  y, no menos importante, su elegancia personal que tanto le ha permitido aproximarse a un número considerable de personalidades de la política, el pensamiento y la creación literaria propiamente dicha. A Jean Daniel la gente se le abre, se siente comprendida cuando no elevada por sus juicios y apreciaciones, los interlocutores entran con él en un diálogo franco, respetuoso y sostenido en el tiempo.

Por eso, en los retratos que fue elaborando, con frecuencia en forma de sumarios y balances de las vidas y las obras de los retratados (no pocos tienen forma de obituario), había ya una base previa de conocimiento profundo, de lecturas incesantes, de valoración de las posiciones políticas de sus modelos, de comprensión total de la persona. Ese conocimiento además lo expresa con una lengua bella, directa, sutil. Jean Daniel ha dicho cosas de la gente que a nadie más se le han ocurrido, y con frecuencia lo hace a la hora de tratar los temas más espinosos y manidos. Por ejemplo cuando afirma que la grandeza (por lo demás exasperante) de Raymond Aron residía en su rechazo programático a arribar a conclusiones, o cuando en su retrato de Gide (uno de los mejores del autor de Corydon que he leído nunca) afirma que su antisemitismo es uno antes de la Shoah y otro muy distinto después. Toda la figura que realiza de Camus, a la que ha dedicado recientemente un libro entero, se compone de una mezcla de lucidez, de afecto y de dolorosas verdades. Y después aparecen, uno tras otro, los más grandes personajes de la República: de Gaulle, Mitterrand, Malraux, los dos Mauriac, Sartre, Barthes y Foucault (no me perdería ninguno de los dos), Derrida, Levy-Strauss, y un largo etcétera que incluye a artistas como Matisse, Balthus o al mismo Yehudi Menuhin entre una treintena más.

La característica principal del periodista debería ser la curiosidad universal. Y quizás también la capacidad de explicar los hallazgos de una permanente búsqueda. Jean Daniel ha ejercido ambas facetas de ese arte en un grado superlativo.

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