Notas para un diario 238

Días en París de trabajo intenso, exterior pero sobre todo interior, de apaciguamiento, de búsqueda de orientación en cosas importantes. La ciudad (o para ser más exactos el centro de la misma, ese espacio mágico e inexistente que yo frecuento) estaba esplendoroso. La traductora del Kafka me propone recuperar el título con el que bauticé la obra (Siete meditaciones kafkianas) y me da mucha alegría porque eso demuestra que el bautismo marca un carácter indeleble: ahora sí será el libro que yo pensé y me hace particular ilusión el hecho de que aparezcan en francés las meditaciones errabundas de un español, basadas en los germanistas italianos  (Baioni, Magris, etc) sobre la obra de un judío checo que escribía en alemán. Viva Europa, yo sí que  creo en ella, con mercaderes o sin mercaderes. La obligada visita a Tschcann me trajo dos sorpresas más que agradables: ha salido el Cahier de L´Herne dedicado a Patrick Modiano y también se ha editado por fin la correspondencia de Chatwin (La sagesse du nomade, Grasset). Bruce Chatwin es de lejos con Nicolas Bouvier el escritor de viajes que más me interesa, y no sólo por su escritura; tuvo y expresó intuiciones sobre la inquietud humana propias de los mejores videntes. En cuanto pude me fui al Quebec con el monográfico modianesco y me dispuse a beber un vino. Lo abrí al azar y encontré esta frase impactante de Jacques Bersani: “Avec la scandaleuse détermination d´un Genet se choisissant voleur et pédéraste, Patrick Modiano se veut Juif”. Me llamó la atención la mayúscula. Juif. Y bien, a mí me pasa exactamente lo mismo, en una Europa de cristianos. Enfrente del Quebec, veo a una señora muy bajita revolver en la basura. La observo detenidamente y compruebo que no busca comida. Sólo saca papeles viejos. Como Cervantes, los papeles de la calle y hasta de las papeleras. Los alza al sol y ajusta la distancia necesaria para leerlos. Decido tomar una foto. La primera no sale bien. Un paseante de un metro noventa me ha tapado la vista. Saco la segunda sin bajar la cámara. La retiro y miro inmediatamente hacia él: veo que es Modiano el que pasa por delante de mí. Parece increíble pero fue exactamente así.

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