Kaddish por Europa

Todavía tengo el frío metido en el cuerpo con la noticia de Toulouse. No estoy lejos de allí, físicamente, y con el espíritu estoy más cerca aún, en medio de la tragedia mil veces repetida en la vieja Europa. Mujeres y niños, una vez más. Y por el mero hecho de ser judíos. Pues no sé si por ser poeta o no, pero en todo caso yo soy judío, y más hoy que nunca. Judío bautizado cristiano, para mayor confusión de aquellos que no entienden nada de nada. Son miles las consideraciones que me vienen al espíritu en una noche larga como la de hoy: desgraciadamente he pasado media vida, y no es precisamente un deporte, estudiando todas las formas inacabables del antisemitismo “europeo”, a cual más odiosa. Parece que se ha abierto de nuevo la veda. Sarkozy, que es judío, ha puesto el grito en el cielo. Pero nada ha cambiado: también eran judíos varios de los premiers en la Europa asesina de los años treinta, empezando por Disraeli. No sirvió para casi nada ante la barahúnda de los bárbaros. Recuerdo a los ingenuos que el Estado de Isarel es una democracia plenamente homologada con la más avanzada del planeta. Pocas bromas y lecciones por ahí. Tienen problemas terribles que solucionar. Y ¿quién no? Hay excesos, y actos que se rigen más por la ley de la venganza que por ninguna otra. Pero, en Israel están todos sometidos al imperio de la ley, como en cualquier país civilizado, y al terrorismo de estado cuando aparece se le llama así. Yo estaré siempre del lado de las democracias, se llamen la española del 78, la israelí o cómo no la americana. Sé que a muchos no les gusta esto, y que en cambio siguen defendiendo a Fidel y al independentismo vasco. ¡Qué pena más profunda me dan! Qué sentido más primitivo de las cosas tienen: la tierra, la tierra, el vaterland que siempre me pareció un water-closed. Que eso incluye a unos pocos bestias isralíes, puede, pero no a su Estado, ni a su gente, ni mucho menos a los judíos en general. Espero que Francia, la Francia que estos días sube los impuestos a los libros, esté a la altura de las terribles circunstancias que la asolan. Pero lo dudo.

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