Historia del caballero cobarde

En el libro de Perlesvaus, también llamado el Alto libro del Grial, de autor anónimo, se cuenta la historia del Caballero Cobarde, que bien podría haberse denominado del Caballero Valiente. Un caballero llama la atención del caballero Gauvain porque cabalga dando la espalda al cuello y las crines de su caballo. Su aspecto estrafalario no era en el fondo tan absurdo porque el lema de este caballero era no pelear ni nunca presentar batalla. Dejarse defender por otros, huir y esperar que escampe. Como el héroe de Melville, él prefería no hacerlo. En su caso la razón no era otra que la cobardía, un miedo invencible que le paralizaba y que le convertía en el ser ridículo cuya imagen veían los demás. Esa habría de ser la gran aventura de su vida y la de su muerte: la de ser capaz de luchar por algo, de entregar la vida, de llegar al abrazo de la muerte habiendo presentado batalla, habiendo alcanzado la valentía necesaria para vivir con dignidad.Con esta historia profundamente actual, de un libro de comienzos del siglo XIII, arranca un libro (Historia del caballero cobarde y otros relatos artúricos, Siruela, 2011) en el que se cuentan una treintena larga de los relatos medievales conocidos como la “materia de Bretaña”. O sea, de aquellos primeros romances que a partir de la segunda mitad del XII se fueron confeccionando en algunas cortes francas y que tenían como eje la vida y las aventuras del rey Arturo, de su familia y de los caballeros con los que formó la Tabla Redonda. Historias como la del mago o profeta Merlín o la reina Ginebra que provenían del mundo celta y cuyos ecos han llegado hasta nosotros, con frecuencia bastante distorsionados, pero que ahora podemos leer en unos relatos sencillos, reescritos de memoria por Victoria Cirlot, una de las grandes especialistas europeas en la materia artúrica.No creo que haya hoy en las librerías un volumen más idóneo para conocer de forma inmediata uno de los capítulos más brillantes y memorables de la historia de la literatura universal. Para introducirse en las aventuras de los caballeros medievales tal y como fueron escritas por un puñado de autores normandos, francos y alemanes de primera fila (de Chrétien de Troyes a Béroul o von Eschenbach pasando por un puñado de ilustres anónimos). Para comenzar a saborear, por ejemplo leyendo estas historias a nuestros hijos, una literatura que está conectada con todo lo mejor que se escribiera antes y después de ese primer renacimiento de las letras europeas.

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