Hiroshima

“Mi historia es un muy breve”, señala Kenzaburo Oé al comienzo de su Cuadernos de Hiroshima (Anagrama, 2011). “Me eduqué en el Japón democrático de la postguerra y después continué mis estudios de lengua y literatura en la universidad, para especializarme en literatura francesa contemporánea. Toda la sensibilidad, la moral y la ideología que había en mi bagaje quería pasarlas por el cedazo de Hiroshima para examinarlas de nuevo bajo el prisma de esta ciudad”. Y en efecto así fue: un licenciado en la universidad de Tokyo, un joven de apenas treinta años se ha de enfrentar a lo que supuso el lanzamiento , el 6 de agosto de 1945, de la bomba atómica sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Una conferencia política conmemora los hechos y el joven escritor cubre los actos descubriéndonos como a través del intento de institucionalizar el mal se oculta la verdadera medida de la catástrofe.En la línea de los mejores reportajes o crónicas periodísticas, el libro comienza con el relato de aquel primer y desconcertante viaje a la ciudad el 6 de agosto de 1963. Con rigor y capacidad de observación, cuenta los entresijos de una reunión que sin quererlo desplazaba el foco de atención de lo esencial: la atroz inhumanidad de aquella experiencia. Al año siguiente se produce un segundo viaje con un esquema similar: de una parte la conmemoración oficial, de otra el dolor de tantos. tiene que enfrentarse al hecho de que sus interlocutores, aquellos a los que había conocido y preguntado doce meses atrás, ya no están. No queda nadie. El cáncer o el suicidio se los han llevado por delante. Prosiguen las sesiones de la conferencia anual y prosigue el trabajo incansable de médicos y enfermeras. La lucha política esconde una perversa falta de sensibilidad que denuncia abiertamente.A su vuelta de este segundo viaje, y a los largo de los meses siguientes, se pregunta sobre el alcance de la acción criminal, lee los testimonios que se han recogido y los contrasta con su propia investigación sobre el terreno, reflexiona sobre las consecuencias físicas y morales para las víctimas, para los supervivientes y para la condición humana en general. El resultado es un escrito duro y de una honestidad intelectual ejemplar.

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