Notas para un diario 214

Increíble esta foto de Sander, el minero-fotógrafo-apuntalador. Qué necesidad habría de leer ni una palabra sobre Kafka habiendo fotos así. Lo dicen todo. El vacío por fuera y por dentro. La vestimenta, coraza del burgués sobre el cuerpo como una piel auténtica, mucho más auténtica que la que hay por debajo. La calle podría ser otra “gran vía” de cualquiera ciudad europea. Son todas iguales. Somos todos iguales por fuera, y tal vez por dentro mucho más de lo que pensamos. ¿A qué espera Sander? Ya sé que ni siquera se llama Sander pero acabo de rebautizar al tipo de mirada torva. Es un hombre hueco, pero no en menor medida en que lo seamos tú o yo, mi hermano mi compadre. Yo en concreto tenía unos guantes idénticos de carpincho traídos directamente de la Argentina por una amante fielmente infiel. Conste que es mejor eso que ser infielmente fiel, vamos digo yo, aunque sobre eso hay mucho escrito y debatido por todos los beodos que en el mundo han sido. Me voy a callar porque si sigo por aquí esto dejará de ser un ejercicio de estilo y se convertirá en una confesión y no podré publicarlo, que yo no soy San Agustín aunque diga mil veces al día” todavía no”, nodum, que no hay nada más imposible que convertirse en un personaje de ficción sobre todo si la ficción es una ficción real. Os dejo con esa foto walseriana, azoriniana, larbodiana, vilamatiana, sveviana, boviana y sobre todo sobre todo kafkiana.

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