Notas para un diario 212

Reaparece José Tomás en la Valencia de Camps. El coso estaba a rebosar de catalanes exiliados para la ocasión. La faena fue digna de verse, con un espectacular revolcón incluido. Tomás es un fuego y el que se acerca a su arte no puede sino arder con él. Con un poco de suerte lo veré este verano en Francia. Ojalá y qué pueda contarlo. Anoche recibo un email de Enrique Vila-Matas con este texto: “Intento inscribir este comentario en tu blog. ¿Lo podrías incluir tú ya que a mí no me deja hacerlo? COMENTARIO: Era pésima esa crítica de Babelia. Gran parte de la crítica española continúa igual que hace 40 años, sin entender nada de lo que tiene talento y se escapa de lo habitual. El libro de Luiselli es buenísimo, una revelación. V-M”. Yo aludí muy de pasada hace días a esa crítica absurda y poco profesional pero Enrique, que antes que nada es un lector en el sentido borgiano de la expresión, lo entendió a la primera. Me ha parecido mejor poner el comentario aquí y no en la entrada correspondiente. Estoy completamente de acuerdo con él. Yo no he acabado con mis campanadas luisellianas. Voy lento pero algo más seguro que otros. Además de bueno y revelador, yo añadiría que es un libro con futuro, de tanto pasado como tiene. Cuánto hubiera cambiado la crítica española si se hubiera leído y asimilado hace ya cuarenta años esa joya que es La literatura como tauromaquia. Nunca es tarde para comprender. De paso se puede entender algo de qué va esa cosa rara que llamamos la vida y que, como la carta robada de Poe, la tenemos delante de las narices pero no la vemos ni a tiros.

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