Triángulo

A diferencia de la rotunda perfección de lo circular, cuya entrópica movilidad se convierte en paradigma de lo inmóvil, los tres vectores encerrados en el diseño triangular no cejan en su impar pugna, generando una variopinta gama de formas inestables. No es extraño, por tanto, que el triángulo, para el pensamiento alquímico, simbolice el fuego y el corazón, así como, según esté derecho o invertido, apunte al cielo o a la tierra, sea montaña o caverna. Protuberancia o hueco, el alanceolado triángulo parece apuntar a algo extrínseco e inalcanzable: es, pues, la forma más adecuada para la humanidad deseante, dejando tras de sí un rastro de catástrofes artísticas.

(Párrafo final del artículo Triángulo de Francisco Calvo Serraller.
La foto es un autorretrato de la incomparable Francesca Woodman)

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