The Wire e In Treatment

He visto en las últimas semanas las cinco temporadas de The Wire. Alguien ha dicho por lo visto que si Shakespeare viviera hoy, escribiría así y por ese medio. Tal vez en efecto escribiría guiones, pero yo pienso que lo haría de un modo distinto. No mucho, pero es que en ese poco está todo. La serie no obstante me parece interesante. Podría hablar horas de lo que me ha sugerido, pero no lo voy a hacer. Por un motivo: se trata, creo yo, de una serie que apunta a fondo a lo político. En concreto a algo que cada día veo más claro (por ejemplo en el caso de la crisis económica, en general y en particular en el caso español). Lo que veo es que los Estados Unidos de América, lejos ya de la doctrina Monroe (América para los americanos), han convertido el mundo en una sucursal de su modo de vida y de su idea loca del progreso y la prisa como sistema. La consecuencia más funesta es que está convirtiendo la sociedad mundial en un mundo de ricos y pobres, con una distancia cada vez mayor entrambos. Ocurre en todos los países, no sólo en el llamado tercer mundo. Y es nefasto. Conozco mucha gente afectada en España por la crisis de mil modos, pero lo increíble es que en plena debacle general hay quien gana cada vez más dinero (algunos consiguen incluso que lo que han perdido se lo paguemos todos con los impuestos). Dos mundos, cada vez más lejanos entre sí, y que por supuesto acabarán chocando con violencia. En medio una corrupción política desatada. Una clase política instrumental en manos de los económicamente poderosos. Pero yo no soy un politólogo. No tengo soluciones. Ni una sola. Ni siquiera sé si tengo el menor criterio para hablar de esto. Como botón de muestra mi absurda teoría conspiratoria. Lo que me interesa de verdad de The Wire es el tempo, el ritmo del relato, su consustancial lentitud. Cinco temporadas, decenas de capítulos, cientos de horas de escuchas (es big brother que enseña su feo rostro amenazante), miles de emisión. Los mismos personajes, gestos parecidos, pequeñas variaciones. Lentitud para respirar al ritmo que marca una historia en la que no ocurre más que el transcurrir de la vida de los poderosos, de los corruptos y de los parias.

Me dicen que estas series (The Wire, In Treatment) no tienen éxito. A la gente le aburren. De hecho la HBO no piensa continuar ni la una ni la otra. Habría margen narrativo, desde luego. In treatment se ha quedado varada en lo mejor. Paul Weston dice al final de la tercera y me temo que última tenporada, antes de despedirse abruptamente de la mujer que ama, que «tiene 56 años y que ha perdido su camino». In treatment es en algún sentido el reverso de The Wire. Frente a lo político, lo íntimo. La búsqueda sempiterna e irrenunciable de la felicidad personal. Algo que nos viene directamente de nuestro pasado colectivo, de nuestra tradición. Intentaré profundizar un poco en este punto en los próximos días.

Escriba su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Website Protected by Spam Master