Creer o no creer


No es necesaria la fe en Dios, basta la fe en las cosas creadas, que permite moverse entre los objetos persuadido de su existencia, convencido de la irrefutable realidad de la silla, del paraguas, del cigarrillo, de la amistad. Quien duda de sí mismo está perdido, al igual que quien, temiendo no conseguir hacer el amor, no lo consigue. Se es feliz junto a las personas que nos hacen sentir la indudable presencia del mundo, así como un cuerpo amado proporciona la certidumbre de esos hombros, de ese seno, de esa curva de las caderas y de su onda que sostiene como un mar. Y quien no tiene fe, enseña Singer, puede comportarse como si creyera; la fe vendrá después.
Claudio Magris, Danubio.

2 Comments Creer o no creer

  1. madison 13/04/2011 at 20:56

    Qué gran libro!

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  2. Francis Black 13/04/2011 at 21:30

    Sin Singer no habría escrito Lejos de dónde. Este libro no es tanto un libro sobre Joseph Roth como sobre Singer. Pero en ese momento no tuve el valor, o más bien, tuve la sensación de no poseer los suficientes conocimientos para entender a Singer directamente. Por eso elegí a Joseph Roth, porque él también es un desarraigado y hablaba de este mundo como alguien que se mantiene ajeno a él. Es cierto que a Singer me vinculan muchas cosas. ¿Le conté cuándo le envié mi primera carta? Yo estaba en el mar, en Trieste, y le escribí lleno de entusiasmo a Nueva York, y lo hice a través de su editor Farrar Strauss, quien años después se convertiría también en el mío. Yo había leído algunos relatos de Singer, en especial esa maravillosa parábola El no visto, uno de los relatos más bellos sobre la fidelidad y la infidelidad, sobre la pasión y la ley, el matrimonio y el amor, la vida y la muerte. Le escribí en alemán, por supuesto. Y Singer me contestó enseguida. Una carta muy amable, directa, cordial, en la que al final me decía: “Muchos saludos a su familia y a sus amigos.” Fue la única ocasión en que alguien pensó también en mis amigos, y eso lo aprecié mucho. Y es que la amistad, los amigos, forman parte de la vida. Cuando un amigo muere, eso no significa menos que la muerte de un primo o un hermano. Desde entonces, desde esa carta, Singer y yo nos mantuvimos en contacto epistolar. Marisa, mi esposa, y yo les visitamos a él y a Alma en Wengen. Y con esa confianza que se tiene con otro al que uno aprecia mucho, esa libertad de decirle todo, incluso observaciones críticas, le pregunté: “¿Por qué escribe usted esas novelas aburridas, si usted podría crear grandes obras maestras?” Él no interpretó la pregunta como una crítica ni me la tomó a mal. Me respondió: “Pues escribo lo que me proporciona placer en un momento determinado.” Con esa respuesta se puso por encima de mí. Le dije: “Quizás yo soy más inteligente que usted, pero usted es un genio.” Le conté muchas cosas. Por ejemplo, yo tenía una sobrina cuyo hijo, por esa época, fue progresivamente torturado y “asesinado” por un cáncer, en una lucha que duró años, y le conté a Singer acerca de ese niño. Y él, perforando las hojas del suelo con un bastón, me respondió: “Sabe usted, la literatura sirve de muy poco.” Y de repente me preguntó, y lo hizo en un tono que no era ni curioso ni confesional, un tono que jamás olvidaré, ya que nadie como él podía hacerme una pregunta de esa índole, o hacérsela a otra persona sin ser impertinente. Me preguntó: “¿Cree usted en Dios?”. Luego continuamos hablando sobre el amor, el sexo, ¿qué significa cuando el cuerpo a veces claudica?, etc. Era realmente una persona increíble.

    http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/Magris.htm

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