Notas para un diario 193

Todo es muy raro. Todo el viaje fue muy raro. Era una ciudad en la que no quería estar y de hecho me sentí ajeno todo el tiempo, y mira que por primera vez alguien me ha dicho allí, creo que de verdad: “Bienvenido al barrio”. Y luego la mujer vestida de negro, sonrisa blanca, el peso que lleva por los demás, sonriendo, me dieron ganas de quedarme a su lado como un perrillo faldero. ¿Me contrará para trabajar en su librería, para hacerle los servicios más pequeños? No sirvo para otra cosa. Cuando llegué a la casa, al ver el pasillo lleno de libros, ordenado, pensé inmediatamente en la muerte. La luz era perfecta, la temperatura (la ventana estaba abierta) también. Recordé los versos de Li Qingzhao: “Sola/sentada en la ventana/¿quién quiere acompañarme?/al menos con mi sombra/ya somos dos/pero anochece/la luz de mi lámpara se extingue/mi sombra me abandona/¿qué puedo hacer entonces?/¿qué puedo hacer?/¡tanta es la pena que casino online me embarga!”. No era pena. Eran ganas de contemplar, de dejar que la vida pasara delante con el sonido del silencio. Hubiera estado horas sin decir nada, o sea, diciéndolo todo. La situación era embarazosa. Cuando dos personas quedan para verse, lo suyo es hablar, y además en este caso tema no nos falta a ninguno de los dos. En cambio, qué necesidad de callar, de suspender cualquier comentario. Otra cosa que llamó mi atención, y que quizás contribuyese a reconocer la presencia de mi propia sombra, fue el hecho de que apenas había imágenes en la casa. Ni cuadros ni nada. Sólo las paredes y dos orquídeas blancas junto al televisor apagado. Sobre la mesa de madera oscura unos papeles con subrayados en verde. Al salir, ya solo en la calle, oí una voz poderosa que me decía algo que no estoy seguro de entender del todo: “Deja que las cosas pasen, no las provoques, estáte atento pero no ansioso. Lo que tenga que ser será”. Como he empezado diciendo, todo esto es muy fuera de lo corriente y lo habitual. Muy raro, pero no por complicado sino justamente por sencillo.

1 Comment Notas para un diario 193

  1. J. G. 23/02/2011 at 18:17

    en efecto, que todo fluya, lo de la ciudad son males menores que nos pasa a todos, yo nací en la tuya y fíjate que lejos estoy ahora.

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