Dos pensamientos sobre la amistad

La amistad no tiene coup de foudre; la amistad, incluso en el caso de alguien a quien hemos amado locamente, juega con el tiempo: se instala en nosotros con toda su fuerza y su profundidad, mucho antes de que lo sepamos reconocer. Pero llega un día en el que lo que nos sorprende es caer por fin en la cuenta de que somos amigos de alguien, y que hasta entonces no lo sabíamos.

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Es cierto que cada nueva amistad anuncia una pérdida futura. Pero, ¿quién puede vivir sin amigos?


P.S. El dibujo del carro de los amigos (incluyo, cómo no, al caballo) ha sido realizado por mi amiga Eleonora Arroyo, ilustre ilustradora porteña de la que hablaré con más calma en este blog en fecha próxima. Os animo a que pinchéis sobre la imagen.

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