Últimas lecturas

Aunque no han sido días particularmente tranquilos, con algunos viajes y bastante trabajo, sí he podido leer varios libros que quizás interesen a alguien, tal vez con vistas a los días de Navidad (al fin y al cabo, ya que tengo la suerte o la desgracia de dedicarme profesionalmente a leer, pienso que lo menos que puedo hacer es ofrecer mis impresiones de lector a los demás…). Fiel a una pasión por su obra que no para de crecer, leí lo último de John Berger publicado en español. Un ensayo político titulado Con la esperanza entre los dientes (Alfaguara, 2010). Brillante, con momentos increíbles, como siempre. Marxista de convicción, a Berger le interesa y le preocupan los temas políticos. Lo admiro, pero no puedo estar de acuerdo con los extremos a los que lleva, de modo implacable, sus razonamientos. Por ejemplo cuando afirma que, al lado de la estrategia política de Occidente (“de las doscientas multinacionales al Pentágono”) con el resto del planeta, Bin Laden “es un cuento de hadas” (p. 39). Me parece un pensamiento infantil. Junto a estos excesos, cosas geniales, como cuando recuerda a Guy Debord: “Así como la acumulación de bienes de consumo producidos masivamente para el espacio abstracto del mercado aplastó todas las barreras regionales y legales, y todas las restricciones corporativas de la Edad Media que mantenían la calidad de la producción artesanal, también destruyó la autonomía y la cualidad de los lugares” (p. 119). Pero no todo es la política. Para compensar he leído, en algunos casos releído, los Cuentos completos de Marguerite Yourcenar (Alfaguara, 2010). Una belleza. Casi se me saltan las lágrimas al leer el esbozo que hace de mi santa patrona María Magdalena (y de su grito: “Dios mío, en vuestras manos entrego mi cuerpo”). Al leer esas páginas, cuidadosamente trabajadas, uno se pregunta, con la escritora, si en esta vida es mejor estar loco de alegría o permanecer “cuerdo de dolor”. Por terminar con Alfaguara (parece que trabaje a comisión, ¿verdad?, pues no es así): he leído la segunda parte de la novela Contra el viento del norte, titulada Cada siete olas (de Daniel Glattauer). Dos personas se enamoran por email. Y, ¿qué hacer? Madame Bovary redivida. La primera parte me fascinó. Hacía tiempo que no esperaba una secuela con tanta excitación. Fui varios días seguidos a mi librero de cabecera para ver si había llegado, y volví decepcionado, hasta que por fin la tuve entre las manos. Entonces, ya en casa, mi hija mayor me la quitó para leerla. Me aguanté, porque pensé que así compartíamos la misma pasión. Cuando por fin, la recuperé, me la leí en dos noches, con parecida fruición. Creí que acabaría de una determinada manera, pero acaba de otra. Y he perdido una cena. Tant mieux!
He leído también dos libritos sobre libros. Otra vieja pasión. Octave Uzanne, El fin de los libros (Gadir, 2010), un cuento de finales del XIX que vaticina el destino final de la galaxia Gutenberg. Interesante, como lo es también, bastante más de hecho, la publicación por separado de El vicio de lectura, un breve pero sustancioso ensayo sobre la lectura de mi adorada Edith Wharton (Olañeta, 2010).
Por último, he releído Las actas relativas a la muerte de Raymond Roussel (Gallo Nero, 2010). Vila-Matas le ha dedicado un texto espléndido al trabajo de Leonardo Sciascia. Yo, por mi parte, quiero destacar el epílogo del editor, Julio Reija. Preciso y luminoso. Se pregunta porqué Sciascia se interesó en la suerte de un escritor como Roussel, que estaba en sus antípodas personales, mentales, literarias. Da varias razones, todas ellas verosímiles y atinadas (especialmente la razón del trauma fraternal). Falta quizás una, sencilla y esencial: el nunca suficientemente ponderado afrancesamiento del maestro de Regalpetra.

8 Comments Últimas lecturas

  1. delarica@unav.es 06/12/2010 at 11:07

    gracias por la recomendación, me lanzo a por él

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  2. Henohenomoheji 07/12/2010 at 10:38

    Leer a Berger es toda una delicia. Nadie como él para aprender a mirar un cuadro, por ejemplo. En un reciente artículo sobre Monet publicado en Babelia (imagino que ya lo habrás leído), le basta un solo párrafo para definir lo que verdaderamente es el impresionismo: un instante de felicidad. El Berger político, sin embargo, me parece un tanto maniqueo, un tanto "infantil", como bien dices, y eso tiene poco que ver con su orientación ideológica (y con la nuestra, en el caso de que no sea coincidente) que, por lo demás, acusa el dogmatismo al que son tan afectos los marxistas de pro. Aún así, Berger me parece un autor imprescindible e insoslayable.

    Saludos.

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  3. Henohenomoheji 07/12/2010 at 11:04

    Si, si había leído esa entrada, aunque no reparé en ella a la hora de escribir mi comentario. Soy un asíduo de este estupendo Hobby Horse, aunque últimamente las prisas sólo me permiten leer, cuando el cuerpo me pide también comentar. Son muchos y muy interesantes los asuntos que propones en esta bitácora y que merecerían mayor atención y comentario por nuestra parte. Trataremos de remediarlo en lo posible…

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  4. delarica@unav.es 07/12/2010 at 11:16

    No te preocupes lo más mínimo: me siento muy acompañado, especialmente por lectores como tú; yo también debería comentar más en blogs como el tuyo, pero a todos nos puede el exceso de trabajo
    gracias por el comentario

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  5. Henohenomoheji 07/12/2010 at 11:20

    Una pregunta, si me permites ¿De verdad merecen la pena las dos novelas de Glattauer? Sé que detrás de mi prevención tal vez no haya más que un prejuicio, pero…

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  6. delarica@unav.es 07/12/2010 at 11:23

    Desde mi punto de vista, sí, rotundamente. No he leído muchas aproximaciones recientes al matrimonio y a la cuestión de la autonomía individual tan incisivas y entretenidas como las que él consigue

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