Vila-Matas, le plus fin jongleur

Vila-Matas llegó puntual. Su avión también. Justo la hora de comer. Todos los semáforos en verde. Enrique, según nos confesó, después de una semana enfurruñada con un mal catarro, estaba de buen humor. La comida excelente: lo frío frío, lo caliente caliente y las mujeres guapísimas. A pocos pasos del restaurante, el hotel y, un poco más allá, el café vienés. Todo en la milla dorada de Pamplona, en la que la ciudad se parece menos a sí misma. Cafés, tartas, tabaco y algún que otro whisky. 5 de la tarde: ese momento que no es todavía el principio de la noche, un tiempo de tregua, una espera mágica en el que el silencio se ve y es casi como el humo. Un rato propicio para hablar de amor o de literatura. Por el momento, nos concentramos en lo segundo, aunque nos hubiera gustado conversar más. Habrá más ocasiones. Espero. Deseo. Por mi parte no quedará.
Mientras comienza a hablar, con el tono de quien quiere que de verdad le atiendan, aunque no crea del todo en lo que dice, observo sus manos. Describen un ligero movimiento alternativo de subida y bajada. En muy poco espacio. Cuando una baja, la otra sube. C´est un jongleur. Así maneja también sus ideas, sus imágenes y sus paradojas. Con un cuidado malabar. Con un equilibrio malabar. Dijo que siempre ha estado saliendo de la literatura porque en realidad nunca ha entrado (al menos por su propio pie), que en cada nuevo libro busca al anterior, “odiándolo”, o sea amándolo hasta llevarlo al límite de una luminosa contradicción, que teme que los lectores jóvenes le den la espalda pero que ese temor, en ocasiones paralizante, se ha visto sorprendido con la más abierta acogida por parte de éstos, que ha permanecido “de moda” yendo por el camino sanjuanista de lo que no estaba de moda, que entorno a una obra tan viva y anticanónica como la suya se ha establecido un verdadero canon de autores muertos y olvidados, la familia genética de Enrique apunta Mercedes, y ainsi de suite, podría seguir contándolo todo o nada.
Poco a poco, cae la noche (alguna estrella cruza entre las oscuras ventanas). El café se ha ido llenando de peregrinos. La conversación se abre y se hace a un tiempo más intensa y dispersa. Y es que a veces las cosas son así de raras. Las horas pasan deprisa cuando se pasa bien, pero la fugacidad comprimida deja un poso lento, algo indescifrable que es preciso hacer propio. Enrique sonríe contento. Hace un gesto de aprobación, inclinando ligeramente la cabeza. Enrique comprende a quien se dirige a él. Contesta rápido con una técnica que recuerda a la de la escritura automática. Y acierta. Juega. Juega con la literatura. Mantiene la ilusión y eso se nota. Y juega con la vida. Deportivamente, con un señorío, con una capacidad de acogida y con una elegante discreción que nos llamó la atención a todos. Enrique V-M, ce grand jongleur…

11 Comments Vila-Matas, le plus fin jongleur

  1. Francis Black 19/11/2010 at 20:35

    Monammy fue de las primeras persona en apoyar a V-M, eso debe ser importante para él, me cae muy bien Vila-Matas es una persona que no necesita de solemnidades.

    Muy bonito el café.

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  2. delarica@unav.es 19/11/2010 at 20:46

    cierto, ciertísimo
    gracias por comentar
    y eres bienvenido al café, cuando quieras

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  3. María 19/11/2010 at 21:20

    Me parece -desde mi humilde y breve experiencia literario-vital-que Vila-Matas dijo cosas muy ciertas ayer.Y sabes con cuál me quedo?(puedes intuirlo):
    Cuando llega la noche,todos necesitamos a alguien…
    Yo acabé de leer Dublinesca ayer,poco antes del encuentro.Y la verdad es que fue genial tenerla tan presente y reciente.
    Un abrazo,Als :).

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  4. delarica@unav.es 19/11/2010 at 21:39

    totalmente de acuerdo

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  5. karlatone 20/11/2010 at 21:57

    Gracias por tu crónica, Álvaro. Fabulosísima la foto de las manos de Enrique, quien en el fondo es tímido, pero no por ello menos brillante.

    un abrazo,

    Karlatone.

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  6. delarica@unav.es 21/11/2010 at 03:44

    gracias a ti! todo fue muy auténtico

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  7. delarica@unav.es 21/11/2010 at 03:45

    tímido? no lo sé, al menos alguien a quien no le gusta imponerse a los demás

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  8. Eidyllion 21/11/2010 at 10:21

    Eso es lo realmente inteligente. No imponerse a los demás y sí a uno mismo. Dar ejemplo sin intención de hacerlo, humilde y llanamente. En una suave ironía y sin dramatismos.

    Admirable!

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  9. delarica@unav.es 21/11/2010 at 10:27

    yo también lo pienso

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  10. molinos 25/11/2010 at 10:37

    Lo has contado muy bien..da una envidia.

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  11. delarica@unav.es 25/11/2010 at 10:56

    a ver si la próxima vez te animas

    Reply

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