Dos lecturas

Dos nuevas lecturas, distintas, estimulantes las dos. Primero leí las Memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, gentilhombre polaco (Lengua de trapo, 2010), un hombre sin duda excepcional, de apenas un metro de estatura, pero de gran talla y coraje moral. Nació en Polonia, fue apadrinado por la nobleza de media Europa, fue músico, se casó enamorado y engendró tres hijas. Vivió cien años (noventa y siete para ser exactos). Como casi todo lo bueno, en literatura, se trata de un relato que contiene varios niveles de lectura. Uno, muy directo, en el que el hombre narra con precisión su vida, sus dificultades y como se va a apañando como buenamente puede. Pero, por debajo, se barruntan otros planos: el primero de todos, el significado de unas memorias como éstas, escritas, en el paso del despotismo a la ilustración, por un ser distinto en apariencia pero cargado de una humanidad de la que muchos alrededor carecen. El sufrimiento que rezuma, entre líneas, este texto, convierten su lectura en una meditación.
Esta mañana he releído uno de los cuentos más maravillosos que jamás se hayan escrito. Una historia que le basta a su autor (Delmore Schwartz) para pasar a la posteridad. En los sueños empiezan las responsabilidades. Apenas treinta páginas en las que, de un modo original, proyectándola sobre las sombras platónicas de una pantalla cinematográfica, el narrador cuenta la vida, en gran parte malograda, de sus padres. Un viaje a la semilla realmente emocionante y desgarrador. Se ha publicado en una edición, muy cuidada, de Alpha Decay. El epílogo y la traducción excelentes.
Como podéis ver, vivo (aturdido) leyendo.

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