Essays on reading Vila-Matas (Dublinesca, 3)

Lo primero que hace Samuel Riba, cada vez que se sienta delante del ordenador, es buscar noticias sobre él mismo (cf. p. 47). Leyendo a V-M, me pregunto si el precio de la autenticidad es la soledad. “Nada marcha muy bien para él desde que corteja a la soledad” (p. 13, también es mala suerte). “Judío por parte de madre” (18), dice el narrador con un sonoro pleonasmo, pero “hijo de católicos, sin más” (19), que “añora ser protestante” (79). Sólo son unos rasgos. ¿Podrían haber sido cualesquiera otros? Supongo. ¿Supones que sí o que no? No lo sé, respóndeme tú, haz tú algo, ¡coño! Ayer por ejemplo, dos lectores me “reprochaban”, insólitamente, lo siguiente: uno primero, que, en lo que escribo, no se oyen más que ecos, que quiere la voz. La voz sólo puede ser la tuya, yo no tengo respuestas. Otra persona me dice que si he escrito sobre la muerte del Señor, el día de Jueves Santo, que porqué no había escrito sobre la Resurrección ayer. “Por que estoy muerto”, le contesté, cargando un poco las tintas, pero al final no tanto. No se puede esperar nada de mí; nada en claro, me refiero. Pero, a lo que vamos. Hay otro rasgo judaizante: “Tiene Riba tendencia a leer la vida como un texto literario y a veces a ver el mundo como una maraña o un ovillo” (46). Acabo de darme cuenta de que, junto al principio secundum scripturas, aparece en la misma frase o periodo la bella Ariadna y su hilo mágico. Atenas y Jerusalen. Aquí es donde hay siempre alguien que pregunta, pero, vamos a ver, Ud. cree que un escritor en su sano juicio piensa en estas cosas cuando escribe. Pues sí, claro que lo pienso, piensa en eso aunque no lo sepa, como en el Ulises de Joyce: Bloom (luz interior) y Dedalus (luz solar). De nuevo, los dos planos de valor que, lejos de negarse uno a otro, se potencian mutuamente. Y todo eso sin salir de casa, del propio cuarto, metonimia del yo, de la interioridad irrenunciable. Al precio de la soledad, claro, de la soledad más adusta y cenicienta. Por cierto, me encanta la elegancia con la que Riba, ante la insidia de su mujer, la acusación de que el mundogoogle le está conduciendo al abismo de la estupidez, “encaja la crítica, pero prefiere no darse por aludido” (56). Otro raso de autenticidad. Un rasgo zen, de quien no soporta discutir. De quien prefierenohacerlo. Y limitarse a seguir buscando, claro. “La carne es débil”, dice el narrador asomándose flaubertianamente a Riba (nunca un escritor y un editor estuvieron maridados así). Y qué cerca están también la carne y el alma, ese matrimonio en permanente pleito. Pero volvamos a la soledad, que es el gran tema. El director de la sucursal bancaria, ante los elogios de Riba a la ciudad de los rascacielos, ante su ansia de finalizar allí su vida, le pregunta si no le daría lo mismo perderse en Toro, o en Benavente, pongamos por caso. Cómo resuena aquí el Spain frightened you… de Ted Hughes (reeditado por cierto estos días por Bartleby) ¿No había soñado Riba, en pleno centrodelmundo, que en el fondo lo importante no es el lugar donde uno se encuentre? ¿no es él el apóstol pascaliano/demaistriano/afrancesado de la habitación propia? Pues, depende. La contradicción y la duda le asaltan ante la pregunta del pueblo: el pueblo que se hace planes de pensiones, que juega al dominó en el casino, a la playstation, que queda con una antigua novia para tirársela, sin más, al pueblo que se convierte de cuando en cuando al judaísmo, al pueblo que somos todos, al menos a ratos. “Silencio impresionante” (101). Silencio taurino. “Ala, maestro, a ver cómo lidias ese morlaco, qué contestas a eso”. “Es una difícil pregunta, pero se la contesto. Siempre he pensado que, cuando oscurece, todos necesitamos a alguien. Sin embargo, tengo la impresión de que en Nueva York, si oscurece y no tenemos a nadie, siempre puede resultar menos dramática la soledad que en Toro o en Benavente. ¿Me comprende ahora?” (101). “Ole, ooooooole y óle”. Para que luego digan que en España no nos queda humor. Hubiera dado un brazo por ver la cara del tipo. Qué descojono, pero a la vez, más allá del cotéwoodyallen de la situación, qué fina elegancia, qué clase, qué pedazo de escritor. Un buen escritor, de verdad de verdad no puede ser una mala persona. Si no, jamás se le ocurriría describir unetellesituation y menos dar semejante respuesta. V-M es el ejemplo perfecto de su teoría ampliada de la novela: el mundo es muy aburrido si no lo cuenta un buen escritor, sólo los buenos escritores llenan las grietas de la existencia, son capaces de poner un poco de lógica a todo este caos (cf. 101-102).

8 Comments Essays on reading Vila-Matas (Dublinesca, 3)

  1. Alexis 05/04/2010 at 18:34

    Estimado Álvaro:

    Siempre es un placer acudir a este blog para encontrar, sobre todo, provocaciones en el mejor de los sentidos: algún giro, alguna referencia, algo que espolee la curiosidad, el interés, la reflexión o, por qué no, el más rotundo rechazo.

    Es en ese espíritu provocador que me permití, el otro día, lanzar un desideratum: deseaba, y deseo, escuchar la voz que late bajo la hojarasca. Es mi privilegio como lector que busca el destello huidizo de la intuición, la cifra ingeniosa del hallazgo, la indomeñada manifestación de todo lo divino y humano, de todo lo posible e imposible…

    Frente a un artista o un escritor, el lector-espectador tiene adquiridos todos los derechos siendo el más apremiante el de demandarle al artista que sea justamente eso, un buen artista. Es, quizá, el único reclamo legítimo que, como lector, podría yo formular a mis escritores.

    Noto en su posting de hoy una cierta acritud. Menciona Ud el “reproche” de un lector y aunque no dice mi nombre me interpela directamente, primero acudiendo a Horacio hace unos días (“tua res agitur”, que es una forma de decir "eso es asunto tuyo, a mí no me preguntes") y luego con su “La voz sólo puede ser la tuya, yo no tengo respuestas” de hoy.

    Podría estar de acuerdo con este aserto si la música que se entonara ofreciera la posibilidad de poner, en efecto, voz y letra. Mas confieso que entre tanta partitura intertextual, entre tanta cita de cita de cita, la música se diluye sin voz que la acompañe.

    No me toca a mí poner la voz, antes bien me compete escuchar la música y vibrar con la voz, como vibro cada vez que escucho a la Callas, la divina…

    Hoy su comentario, en el que parece resentir, de pasada, la expresión de mi deseo, me ha hecho recordar una de las entradas del cuaderno de notas que Marguerite Yourcenar escribió durante el largo y tortuoso proceso que supuso para ella componer sus espléndidas Memorias de Adriano:

    “No he dedicado a nadie este libro. Tendría que habérselo dedicado a G. F. Y lo hubiera hecho si poner una dedicatoria personal al frente de una obra en la que yo pretendía pasar inadvertida no hubiera sido una suerte de indecencia. Pero aun la dedicatoria más extensa es una manera bastante incompleta y trivial de honrar una amistad fuera de lo común. Cuando trato de definir ese bien que me ha sido dado desde hace años, advierto que un privilegio semejante, por raro que sea, no puede ser único; que debe existir alguien, siquiera en el trasfondo, en la aventura de un libro bien llevado o en la vida de un escritor feliz, alguien que no deje pasar la frase inexacta o floja que no cambiamos por pereza; alguien que tome por nosotros los gruesos volúmenes de los anaqueles de una biblioteca para que encontremos alguna indicación útil y que se obstine en seguir consultándolos cuando ya hayamos renunciado a ello; alguien que nos apoye, nos aliente, a veces que nos oponga algo; alguien que comparta con nosotros, con igual fervor, los goces del arte y de la vida, sus tareas siempre pesadas, jamás fáciles; alguien que no sea ni nuestra sombra, ni nuestro reflejo, ni siquiera nuestro complemento, sino alguien por sí mismo; alguien que nos deje en completa libertad y que nos obligue, sin embargo, a ser plenamente lo que somos. Hospes Comesque.

    (Memorias de Adriano, Barcelona: Edhasa, 1990, p. 256.)

    Sin pretender igualarme a la fidelísima Grace Frick y su denodada devoción por su amada Marguerite, como lector me asiste el derecho "a oponer algo" a mis escritores con tal de obtener de ellos lo mejor. Flaco servicio haría con aceptar acríticamente lo que me parece puede mejorarse. Y poco respeto, supongo, tendría el escritor por ese lector dócil que asiente, genuflexo, ante cualquier parto que entrega el artista.

    Sólo pretendo ser “huésped y compañero”, amigo, en el largo y penoso itinerario de la creación artística. Huésped al refugiarme en este blog, como he dicho ya en alguna ocasión; compañero al desplazarme con Ud. leyéndole y comentándole.

    Un saludo.

    Alexis

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  2. delarica@unav.es 05/04/2010 at 19:17

    querido amigo, le contestaré con la pausa que se merece su comentario, pero vaya por delante que acritud ninguna, al contrario, aprecio, gran aprecio y admiración al tiempo (no soy tonto)
    lo que pasa es que soy torpe, sí, eso, torpe, más o menos orientado pero muy torpe
    gracias x todo

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  3. Bel M. 06/04/2010 at 14:04

    He leído de una tirada las tres entradas, con fascinación y regocijo (regocijo esta última). No he leído todavía Dublinesca, pero desde luego, después de la lectura de tu lectura, será imposible no hacerlo. Gracias, de nuevo.
    Sobre ese pensamiento judaico cuya oportunidad de desarrollo aquí perdimos con los RRCC, y que tan bien han sabido aprovechar en otros lugares, y el rastro de Spinoza, y esa multiplicidad de pensamiento que, dicho de paso, creo que de alguna manera el escritor sí lo sabe, y de cómo hablo de ello en un estudio que hago sobre C. Lispector, y de cuánto me ha interesado y, en cierto aspecto, iluminado tu soberbio libro "Kafka y el Holocausto" quería hablarte en un correo, pero me está quedando demasiado largo, estoy en medio de los árboles, así que cuando pueda dibujar en dos trazos el bosque
    me atreveré a pedirte, esta vez sí, opinión.
    Entre tanto, y sobre ese pensamiento múltiple, y la importancia de la actividad adánica de dar nombre a las cosas, un apunte. La protagonista de "La hora de la estrella" se llama Macabea (macabeos) y su novio Olímpico de Jesús.
    Disculpa el largo comentario.
    Un saludo admirado y cordial.

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  4. delarica@unav.es 06/04/2010 at 19:59

    Creo que te gustará mucho.
    Está escrita con una delicadeza muy especial, como en un estado de gracia, con una mirada compasiva, inteligente, creadora de verdad
    me encantaría recibir ese correo
    otro saludo cordial para ti

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  5. Belnu 07/04/2010 at 06:44

    Iba a decir otra cosa, pero he leído el comentario y… Bel M! Me alegro de que hayas leído Kafka y el Holocausto y de habértelo recomendado. Sabía que te subyugaría, es un libro maravilloso, que deja unos ecos e interrogantes…

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  6. delarica@unav.es 07/04/2010 at 08:30

    gracias Isabel, tus palabras me llegan siempre muy adentro

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  7. Bel M. 07/04/2010 at 09:05

    Sí, Isabel, no sé si lo había hecho ya, pero por si no, mil gracias por la recomendación y porque gracias a ti conocí este espacio y a su autor.

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  8. paisajescritos 07/04/2010 at 20:00

    Álvaro, al hilo de lo de Toro y Benavente, no sé si conoces "Los paraísos perdidos", de Martín Patiño, protagonizada por Charo López. Un monumento a la soledad de la protagonista, en Toro; con el paralelo entre ella-traductora y Hölderlin; entre Hiperión-Smirna y Toro. Llevo como dos meses dándole vueltas, a ver cómo lo encaro en los paisajescritos. Y mira por dónde, me encuentro ésto. Yo tampoco tengo respuesta. Más solos ¿dónde? somos los mismos, estemos donde estemos (mejor enunciado por Kavafis).
    En cuanto al tema Maistre, con una perspectiva satírica a veces, digamos que "sin dramatismo", para llegar al mismo lado, la creación sin salir de la cama, tendremos que hablar del libro que acabo de terminar: En-Nadar-dos-pájaros. También he de darle vueltas, me tiene conmovida. Ojalá supiese explicarlo como estás haciendo con Dublinesca…

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