J.D. Salinger (1919-2010)

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es donde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero, porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de mi vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquilloso no hay quien le gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Solo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D. B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. Él será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizás el mes próximo…


P.S. Ayer, un viejo amigo me dio la noticia, como suele hacerlo él, con un sms en el que decía: «Hoy somos más Holden que nunca. ¿Verdad? Un abrazo, P.» Pues sí, yo al menos (y él también, desde luego). Sigo pensando que, en cierto sentido, nuestra vida vale por aquello en lo que no nos hemos mimetizado con el status quo. No voy a hacer tragar a nadie la idea de que soy un marginal, o cosa así. Me conformo con no haberme asimilado del todo al sistema, a ningún sistema. Y menos que a ninguno al consumista/materialista/golfista (de golf, me refiero), y yo añadiría, como la cuarta peste apocalíptica, masculino. ¿Adolescencia eterna? ¿complejo de peterpan? Pues bienvenido sea, si nos otorga un gramo más de independencia y de libertad interior. En fin, neuras mías. ¡Salinger ha muerto! ¡Viva Salinger!, vivan sus libros, llenos de verdad, de humor, de causticidad, de ternura. Ahora, al recopiar esa primera página de su novela más conocida (he preferido hacerlo), me he dado cuenta de que el tan traído tema de su aislamiento (¿era tan difícil dejarle en paz y vivir cada uno su propia vida, sin meterse para nada en la de los demás?) ya estaba más que aludido ahí. Así ocurre siempre con los mejores escritores, pero es que hay que aprender a leer; yo el primero.

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