Notas para un diario 129

Esta noche también me he despertado de madrugada. «Cuando hoy, mientras dormía cargado de sueños,/tomé tu mano en la mía: ¿fue un premio o fue un castigo?» Ya eran las seis. «No está tan mal», he pensado. Me he encendido un cigarillo, junto a la ventana. El termómetro de enfrente de casa, el de la farmacia, marcaba . Entraba sin preguntar un aire frío. Ha sido un instante de calma perfecta. De paz. De luz, aunque no había amanecido. La calle está vacía en el fin de la noche. Y yo he recordado aquellos otros versos finales de Broch, que llevo inscritos en el corazón: Immer noch ist es der Garten,/Sonnenkringelhaft bemalt/Hinterm Zaun jedoch im zarten/Echodunkel steht der Wald, lo que significa más o menos: «sigue siendo el jardín/pintado con los garabatos del sol,/pero detrás de la cerca, en la suave/oscuridad del eco, está el bosque».

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