New York, New York (A letter to Sara)

Querida Sara
Quería contarte, por si no te habías enterado, que se ha inaugurado un parque en Nueva York. Como sé que te encantan los parques, te diré que se trata de uno muy particular, que está realizado a seis metros de altura, aprovechando las vías de una línea de tren abandonado hace más de treinta años. Lo han bautizado como el High Line Park, quizás aprovechando la resonancia de aquella expresión tan gastada del New York´s Sky Line, por lo demás de triste recuerdo septembrino. Todos asociamos Nueva York con la altura, pero en realidad yo la asocio más bien con el agua, que está presente por todas partes en la ciudad, y que es la que la salva desde el punto de vista urbanístico/humano/vital (otro tanto pasa con tu querido París, qué sería de la ciudad sin el Sena, por mucho que bajo sus puentes corra más sangre que agua, André Chénier dixit: por cierto, pedazo poeta; oye, tú que tienes la inmensa suerte de vivir en la ciudad de la luz (y de las tinieblas), ¿es que alguien por allí lee todavía a Chénier? Pues yo sí que lo hago, aunque no viva en el quartierlatin, que por cierto es lo que más me gustaría del mundo). A mí Nueva York, y la importancia del agua, me la enseñó Josep Pla, y aquella vieja recomendación suya de, antes de nada, situarse en la misma punta, en Battery Park, de espaldas a la estatua y de cara a Manhattan. Parece de risa pero fui, aquella primera vez (lo contaré pronto en un libro que se titula Viaje a Savannah), desde el hotel hasta la punta de la isla con los ojos cerrados, fíjate que obediente. De hecho, dejando a un lado Central Park, el jardín que más me gusta, por la cercanía con el agua, es el paseo por South Cove, y por el Museum of Jewish Heritage, una maravilla, ¿lo conoces? Bueno, pero todo esto no tiene nada que ver con lo que iba a decirte. En realidad te escribo para aceptar tu reto. ¿Pensabas que lo iba a dejar pasar así como así? No me conoces, entonces. Me ponen el capote literario y allá que voy como un astado. Pues no, dirás tú: no te conozco, ni falta que hace. Y es verdad, pero, en todo caso, acepto encantado el reto: veinte títulos de novela o poesía, a cambio de un libro tuyo dedicado. ¡Joder, es que no hay quien se resista a eso! Y eso que no me gusta recomendar lecturas (sólo hay una recomendación posible: cómprese La Ilíada y tire del hilo en ambos sentidos), pero en cambio sí me gusta ese côté tómbola de la vida, siempre que no sea por Navidades (si se tercia ya te contaré a que viene esto, aquí no puedo hacerlo porque heriría a los más cercanos). Yo lo voy a hacer a mi modo, por partes, como siempre, y si te parece suficiente me mandas el libro, y si no pues no pasa absolutamente nada. Te voy a dar veinte títulos en los que aparezca Nueva York (otro día, aunque no lo creo, a lo mejor hacemos lo mismo con Budapest, Cracovia, Viena o hasta con Pamplona), veinte joyas avejentadas pero, como tú pides, totalmente «imprescindibles». Era eso, ¿no? Ojalá algún día podamos hablar de alguna de ellas sentados a seis metros de altura, sobre el asfalto y los juncos, sobre el agua y bajo el cielo también sangrante de Manhattan.
Cuentos completos (o sea, cualquiera de ellos; todos y cada uno contienen un mundo) de O´Henry
Cuentos completos de Salinger
Cuentos completos de Dorothy Parker
Carta breve para un largo adiós de Peter Handke (uno de los 5 libros que me susurran por la noche)
Esto es Nueva York de E. B. White
Mi Nueva York de Brendan Behan
Un paseante en Nueva York de Alfred Kazin
El cuaderno rojo de Paul Auster
Long-winded lady de Maeve Brennan
Desayuno con diamantes de Capote (inspirado precisamente en la Brennan)
Plegarias atendidas de Capote
Cartas americanas de José Emilio Burucúa
Viaje a América de Josep Pla (mi favorito)
El secreto de Joe Gould de Joseph Mitchell
Autobiografía de I.B. Singer (otro favorito)
Elegía/Patrimonio de Roth
Certezas absolutas de Simon Schama
América de Kafka
El diario de un juppie de Louis Auchincloss
Ensayos completos de Susan Sontag
La edad de la inocencia de Edith Wharton
Hojas de hierba de Whitman (yo prefiero la traducción de Borges)
Todo Doblátov
Todo Horacio (haz una prueba: léete por ejemplo la Epístola II (Libro II) o la Sátira IX (Libro I) y verás que cuanto dice de la Roma augusta puede ser perfectamente transplantable al Nueva York actual)
Poeta en Nueva York (Lorca)/Diario del poeta recién casado (JRJ)
El puente de Hart Crane
Todo Robert Duncan
Vida y muerte de Robert Creely
Poesía norteamericana (1900-1950) de Louise Bogan (una joya)
Nueva York (Paul Morand)
Diarios (1939-1945) de Julien Green
Gangs de Nueva York (Asbury)/Cómo vive la otra mitad (Riis; la trad. es de Isabel, que también tradujo con toda brillantez media docena larga de los cuentos imposibles de la Parker)
Dime-Store Alchemy, The art of Joseph Cornell de Charles Simic (esencial para entender el surrealismo neoyorquino. No me olvido del comienzo del capítulo Terra incognita: America still waits to be discovered. Even in its cities there are still places left blank by the map makers)
Refraiming Abstract Expresionism de Michel Leja (el libro más importante sobre expresionismo norteamericano: Rothko, Barnet-Newman, Pollock, etc, etc)
Café Julien de Dan Powell
Retorno a Brideshead de Evelyn Waugh (el capítulo sobre Nueva York es mi favorito)
Poesía completa de Elisabeth Bishop
Poesía completa de Mariane Moore (otro favorito, bueno en realidad todos los de la lista lo son)
Poesía completa de e.e. cummings
La ya vieja Guía Acento de Nueva York (está agotada agotada, pero se encuentra en iberlibros: una joya!) (aunque parezca de broma, a mí me encanta la guía de Nueva York de Louis Vuitton)
Ermitaño en París de Italo Calvino
Ensayos americanos de Cesare Pavese
New York´s not my home de Jim Croce (¿lo conoces?)
¿Son veinte? Cuenta tú, que a mí se me dan fatal los números (y así me va). Bueno, y si no, por fa, haz la vista gorda,
Abrazos
Al

Escriba su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Website Protected by Spam Master