Enis Batur, 4ª (y última)

Querido Enis:
¿No habrías pensado que iba a dejar mi carta ahí? En absoluto. Lo que pasa es que he querido releer tu libro antes de continuar escribiéndote. No te puedes imaginar el lío en el que estoy metido este comienzo de curso. Pero, por fin, anoche lo he conseguido. Sinceramente creo que he comprendido el libro algo mejor. Me he dado cuenta (qué importante es leer bien el incipit de una obra literaria) de que todo reposa, como ocurre tantas veces, en un dato escondido. Has tenido el coraje (moral y literario) de aludir a eso de lo que no hablas (directamente) en el mismo principio. Me refiero al punto de partida, al hecho que pone todo en marcha, la auténtica materia del libro, a lo que fuese que ocurriera a mediados del año 1986. Un suceso con secuelas, dices tú. Una de ellas (me temo que ni siquiera la más trascendente) fue la pérdida de tu primera biblioteca. Tenías 35 años. Volviste a ponerte en marcha. No nos dices que pasó pero aquello marcó tu vida. A lo mejor estoy siendo un osado; no hay razón alguna para que, si tú has preferido mantener todo eso oculto, aunque sea el horizonte sobre el que se recorta tu escritura y tu filosofía de la vida, nadie pretenda sacarlo a la luz. Desde luego no es mi caso. Déjame sólo apuntar que de tu libro se desprende que aquello te marcó con el estigma de la soledad. De un modo u otro lo dices repetidamente a lo largo de tu obra. Soledad y aislamiento en ese país (de libros) en el que eres el único señor. Como le ocurría a Dédalo, tu santo patrón, durante un tiempo has pensado que rehacer tu biblioteca era una cuestión de sabiduría práctica. Pensabas que se trataba de decidir sobre esto o aquello con la astucia, la mètis, del héroe ateniense/cretense de adopción. Al fin y al cabo se trata siempre de encerrar al minotauro. Pero, cuando te has querido dar cuenta, en la segunda navegación que es un escrito como el tuyo (Nietzche hablaría directamente de examen de conciencia, para eso no le dolían prendas), estabas del todo enredado en el laberinto, sin una Ariadna a la que seguir, aunque fuese de lejos. Realmente todo en tu libro es profundamente bello y profundamente dramático.
Creo que por fin llegué a un punto esencial de Las bibliotecas de Dédalo. Como compuse el libro a lo largo de un extenso periodo de tiempo, en cierto momento entró en funcionamiento un texto distinto: me resultó muy atractivo abrirme a esa casa de los libros hasta cierto purificado de las cargas de mi mente, caminar más desnudo habiendo enviado de antemano mis respetos.
Al final has preferido que tu casa (y por aquí asoman siempre las metafóras heideggerianas sobre la casa del ser) fuese una casa de libros (es el espléndido título del original turco), ligándola a la ciudad invisible que es la gran Biblioteca babélica que se pierde en la noche de los tiempos. Has querido que esa fuese además tu familia. Una estirpe de solitarios, de personas en fuga que anhelan pura y simplemente la desaparición final.
Primero vi a lo lejos un espejismo de llamas, luego se elevó durante un largo rato un espejismo de humo; por fin se esparció por los aires un espejismo de cenizas que volvieron a mí convertidas en un puñado de polvo.
Reconozco que pocas veces he leído una confesión tan impresionante como la que haces tú al inicio del libro (de ninguna manera lo había pillado a la primera). Te has desnudado, claramente, quitado el velo, levantado para siempre la cubierta de tu casa. Tampoco puedo ignorar que has usado, para ello, tres veces, el siempre inquietante símil del espejismo, el espejismo de los enigmas del que habló Borges en Otras inquisiciones.
Bueno, ya está bien, que no debo “trabajar” en domingo. Me voy a Misa. Tengo un deseo loco de comulgar.
Vale et vale
Alvaro
P.S. En la foto, el escritor turco Enis Batur (autor de Las bibliotecas de Dédalo, Prólogo de Alberto Manguel, errata naturae, 2009, 9,90 €)

8 Comments Enis Batur, 4ª (y última)

  1. Bel Nu 20/09/2009 at 11:43

    Lo que te dije en otra parte: en esta entrada tan borgiana hablas sin embargo de coraje y de pasión (y eso no es borgiano), de quitarse velos, de identidad ¡la casa del ser heideggeriana!, y te reafirmas como personaje rohmeriano, pascaliano ma non troppo, humanista, sí, excéntrico y sobre todo inspiring.

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  2. delarica@unav.es 20/09/2009 at 12:18

    Como siempre, me abruma tu generosidad

    No te pierdas el libro.

    Una cosa en la que no estoy del todo de acuerdo: yo entreveo una inmensa pasión, británica/elegantemente disimulada, en Borges. Y el modo en el que enfrentó la ceguera está lleno también de coraje

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  3. Icíar 20/09/2009 at 19:23

    Después de estas 4 cartas tengo ganas de leer el libro. Encima, por alguna misteriosa razón tiendo sin pretenderlo a buscar escritores de ese origen.

    Me da un poco de miedo eso de que tú dices que te ha costado leerlo: ¿si a ti te ha costado… eso me hace dudar bastante?, en fin, buscaré una página de muestra, igual está en google books.

    Orhan Pamuk también comentaba que en una etapa de su vida compraba y compraba libros, sobre lo que fuera, habían tan pocos.

    Cuando fui a Estambul, una de las cosas que me sorprendió fue la cantidad de cafeterías-librerías que habían, así como tiendas de instrumentos musicales, pero sobre todo el modelo cafetería con tienda de libros, la gente leía en ellas.

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  4. Bel Nu 20/09/2009 at 20:45

    Gracias!
    Sí, seguramente tienes razón respecto a JLB. Es que hay otra parte de él, fría y mezquina para sus coetáneos escritores, y tan injusta… Como si sólo hubiera respetado a los muertos. Algo que le hacía parecer muerto mucho antes de su muerte. Pero supongo que las dos partes coexistieron. Sí, sí, lo he anotado para hacerme con él…

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  5. delarica@unav.es 20/09/2009 at 20:50

    es una obra mucho más sutil de lo que yo he sido capaz de sugerir; lo he comprendido en la segunda lectura, hay un dolor inmenso detrás, lleno de nobleza y de lucidez (de resignación también)
    de lo mejor que he leído en meses, algo realmente auténtico, lo cual es más admirable tratándose de un discurso sobre libros

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  6. Bel Nu 20/09/2009 at 20:51

    A lo mejor te interesa la entrevista con Eugenio Trías que sale en este blog
    http://borraelhumodetufrente.blogspot.com/2009/09/lart-de-la-veritat.html
    Aunque el entrevistador pregunta en catalán, ET contesta en castellano y habla de música sagrada, lo sagrado, la religión o la espiritualidad en la filosofía, Nietszche, Platón…
    Icíar, beo que estuviste en Beyoglu, la calle de la música con varias librerías, cerca de Galatasaray, ¿estabas en el Pera Palas? Yo sí…

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  7. Icíar 20/09/2009 at 21:10

    ¡Claro¡ y subí a la habitación de Agatha Christie. Las cafeterías estaban en la calle del tranvía, creo que se llamaba Istikal cadesi. Y llegué tarde al monasterio de los derviches que estaba al lado, me quedé fastidiada de verdad.

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  8. Irene Antón 21/09/2009 at 06:18

    Cómo me alegra que te haya gustado tanto el libro, a mí me pasó desde las primeras páginas, caí rendida a su sabiduría, su tristeza, su lucidez. Esa brevedad sabia. Ese peso equilibrado de los escritos, como tú también dices. La mesura de la desmesura de la pasión por los libros. Qué bien, qué bien seguir descubriendo que tenemos tantas cosas en común. Pero tus entradas están a la altura del libro o más incluso. Me encanta la entrada sobre San Pablo, tu curiosidad, tus ganas de tirar de todos los hilos y de aprender de todo y por todos los huecos que deja la página en blanco. Tu infinita generosidad en tiempo, en escucha, en atención. En sensibilidad. Gracias, gracias, como siempre.

    Sólo me pone triste haber llegado tan tarde, haber llegado a la altura de la última entrada. Si me vieses los ojos, entenderías: rojos desde primeras horas de la mañana. Sólo que entender no es suficiente, la tristeza sigue ahí. Hubiese querido llegar antes.

    Muchos besos.

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