Kafka en Madrid

Ayer recibí, de noche, el siguiente mail:
Querido Al, a que c. estás esperando para hablar de la presentación. No te hagas el modesto, el que no te gusta hablar de tus cosas y todo ese rollo, que además no te lo crees ni tú. Quieres hacer el favor de contar algo de la presentación. ¿Qué es, una venganza por no haber estado? ¿Cómo quieres que te lo pida?
Bueno, pues antes de que me de con algo en la cabeza (os aseguro que es perfectamente capaz), voy a hacer una breve crónica del acto del pasado lunes (y conste que te la dedico a ti, bruja) Vaya por delante que fue una maravilla (al menos para mí), por muchas razones, pero fundamentalmente porque, como era previsible, fue un acto sencillo, entre amigos, con unos presentadores de lujo. Empezaré por éstos: moderó la mesa Alejandro Sierra, que es el Director de Trotta, y que inició la sesión con unas palabras muy cariñosas para mí, repitiendo algo que me había escrito en los primeros correos que nos cruzamos, allá por el mes de febrero, y en concreto que para él, desde que leyó por primera vez el libro, pensó que pertenecía a la familia de la editorial, que formaba parte de la biblioteca interior que todo editor sueña con formar poco a poco. Un elogio importante, teniendo en cuenta quienes pertenecen a esa biblioteca que Alejandro y sus colaboradores (que también tuvieron el detalle de acompañarme) han ido conformando con el paso del tiempo. Después habló Julio Trebolle, a quien acababa de conocer unos minutos antes, e hizo un discurso largo, lleno de densidad, aportando a la lectura del libro varias referencias, especialmente de la Cábala judía. Ojalá hubiera hablado con él en el proceso de redacción. Guardo como un tesoro las cosas que nos descubrió a todos, especialmente la etimología de la palabra paraíso en lengua hebrea que, yo no lo sabía, pasó a la lengua de los profetas bíblicos a través de Persia. Me asombró su conocimiento, sus dotes pedagógicas y, sobre todo, su estilo: elegante, sobrio, profundamente amable. A Julio le sucedió Mercedes Monmany en el uso de la palabra. Mercedes contextualizó el libro en el mar nostrum de la literatura y la crítica del siglo XX. En un momento dado, mientras hablaba, pude ver una doble página del ejemplar de mi libro que ella había leído. No os puedo contar la cantidad de anotaciones, subrayados, etc, que había sobre el papel. ¡Típico de Mercedes!. Constante, generosa, lúcida, abierta. Siempre trabaja así, y me honro con ser su amigo y haber aprendido de ella tantas cosas intelectuales y morales. Por fin me tocó hablar a mí. Aunque te fastidie, bruja, voy a ser lacónico: me limité a dar las gracias, especialmente a Paula (en la foto), que me ha acompañado cada día en estos años, a la Universidad de Navarra, que es mi alma mater, a mi hermana espiritual, Esther Bendahan, sin cuyo coraje y amor por mí este libro no estaría tan magníficamente publicado, y por supuesto, a los editores, confirmándoles que siempre me había considerado un miembro de la familia Trotta.

Fue un acto lleno de amigos. Muchos de Pamplona, que habían venido ex profeso o que están ya viviendo en Madrid, pero con los que he vivido un momento importante de formación en la Universidad. Hasta un antiguo Rector, metafísico, al que admiro y aprecio desde hace veinte años. Mi familia, como siempre, bien representada (me hizo especial ilusión ver a algunos sobrinos, ya mayores), tres de mis hijos, por hermanos, cuñados, y esa gran persona que es mi suegro. Había varios antiguos alumnos míos, a los que os podéis imaginar la alegría que da verles, a veces décadas después de aquel primer encuentro en las clases. Había amigos de Madrid, del colegio, de la carrera, amigos más recientes, amigos también cuya amistad ha estado siempre ahí, o al menos a mí me lo parece. Alguno vino con sus hijos, lo que insisto me parece un regalo muy especial, y la mejor señal de que las cosas se renuevan desde dentro (por ejemplo Mercedes, que vino acompañada de César y de Laura, en la foto)

Había un grupo de personas que vinieron convocados por la editorial y otros por Casa Sefarad o por Blanquerna. A algunas las conocía, a otras no. Había incluso una persona admirable que fue víctima directa de la barbarie nazi: por cierto se trata de una de las personas más enteras y felices que conozco. Lectores del blog, también. Colegas escritores, algún editor y una editora a quien me encantó conocer y de la que hablaré en los próximos días.
Fue un acto sencillo, como le hubiera gustado a Kafka. Mi padre me había regalado un vino para después de la presentación. Nos supo a gloria. La gloria de la amistad. Gracias a todos, también a los que sé que habéis querido venir y no habéis podido. Una amiga me escribió algo increíble: que se había arreglado especialmente esa tarde, como si fuera a estar presente acompañándome, aunque vive a cientos de kilómetros de distancia. Bendita sea por ese gesto que no olvido. Acabé cenando (puro incluido), cerrando un círculo casi perfecto, con los más íntimos entre los íntimos, en Príncipe de Viana. También debo las fotos a mi hermana Lourdes.

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