Correspondencia sobre Matisse

A mi entrada sobre el cuadro de la Naturaleza muerta con durmiente de la exposición Matisse, que se puede ver estos días en el Museo Thyssen de Madrid, en la que comparaba ese cuadro con El sueño del caballero de Pereda, Tomàs Llorens (en la foto, junto a una escultura en una de las salas de la exposición actual) me manda un correo antológico que por su enorme interés me permito reproducir aquí en parte, junto con mi contestación posterior.
Querido Alvaro:
He leido con placer tu comentario sobre Nature morte à la dormeuse y la comparación que haces con El sueño del caballero. Por supuesto se trata de una vanitas y en ambos casos es especialmente intenso el dolor por la huida del tiempo. La comparación entre el ángel de Pereda y la ventana de Matisse es muy interesante, aunque no tenga casi más base que la homología compositiva. En ambos casos se trata de elementos mediadores. La “ventana” de Matisse es en realidad un cuadro, La verdure del Museo Matisse de Nice-Cimiez, que hubiera querido conseguir para la exposición, pero que no pudo venir, pese a mis visitas, cartas varias y numerosos ruegos. Es un cuadro inacabado. En alguna fotografia del estudio de Matisse, hecha durante la segunda mitad de los años treinta, se ve al pintor trabajando en él, montado en una escalera de tijera (es la tela de mayor dimensión que emprendió en esos años: 243 cms de altura. En otra fotografía se ve a Lidia Delectorskaya borrando la tela, subida también a la misma escalera de tijera, para que Matisse vuelva a comenzar a pintar el día siguiente. Representa un sotobosque con los troncos de los árboles muy rectos y blancos, con un camino que se pierde hacia la izquierda, y en primer término, tambièn a la izquierda, una ninfa rosada -un desnudo yacente como el Nu rose de Baltimore (es decir una variante del prototipo helenístico de la Ariadna dormida)- y un fauno. El lienzo blanco dibujado al carboncillo, procedente del Pompidou (que sí pude conseguir para la exposición) representa el mismo tema, aunque agrandando las figuras, centrándose en sus ritmos lineales y prescindiendo del bosque. La vanitas de Matisse contiene dos referencias específicas a Mallarmé. El pequeño jarrón chino entronizado sobre un pedestal de escultor detrás de la mesa es el mismo que Matisse usa en un dibujo con el que “decora” -es su expresión- , en su edición ilustrada de las Poésies la canción que comienza con el verso “Las de l’amer repos…” y que constituye obviamente un ars poetica:Imiter le chinois au coeur limpide et fin…“. La inclusión del jarrón chino en la vanitas de 1939-40 (inmediatamente tras su separación matrimonial y el comienzo de la guerra) es para Matisse una manera de reafirmar su adhesión a Mallarmé en unas circunstancias vitales muy nocturnas. La ninfa y el fauno son por supuesto una referencia a la siesta-la última de una cadena de citas que comienza en 1906 con Bonheur de vivre, alcanza un primer punto culminante en la composición de 1908-09 hecha para Shchukin (que también está, rompiendo la cronología,en la exposición), vuelve a repetirse en las Poésies de 1932 y constituye el polo en torno del cual gira su obra a partir de 1934-35. El alejandrino “une sonore vaine et monotone ligne” con el que concluye la cuarta stanza de la égloga es, para mí, un motivo que preside la deriva de Matisse hacia el dibujo conforme se le van acercando la guerra, la enfermedad y la muerte. Volviendo a tu comparación con Pereda, el tema de la posesión sexual es para Matisse (y para Mallarmé)una figura de la inspiración. En un pequeño esquema manuscrito de c. 1934-35 (la fecha en que comienza La verdure) que publica Lidia Delectorskaya, Matisse escribe, inmediatamente debajo de la palabra “inspiration”, la palabra “ravissement” que, en este contexto no puede tener otro significado que la “posesión” daimónica de Platón. Me pregunto si el ángel de Pereda -aunque tenga una progenie judeocristiana más que helénica- no lleva consigo también algún eco de esa función mediadora en el desvelarse de la verdad oculta.
Un abrazo,
Tomàs
Querido Tomàs:
Muchas gracias por tu respuesta y por las explicaciones que me das, parte de las cuales había leído en el catálogo, animado inicialmente por la atracción que supuso para mí ese cuadro, sostenido después (no lo voy a negar) por la curiosidad que me producía ese momento concreto de la vida de Matisse (por la separación conyugal y también por la cercanía de la guerra: me parece increible encontrarme, una vez más, creo que una vez lo hablamos a propósito de lo que significó Mímesis en la vida de Auerbach, con la necesidad de hacer ese recuento en el momento en el que barbarie asoma a las puertas de la ciudad de los hombres libres), y culminado por el reconocimiento, que tras tu correo no ha hecho sino aumentar, de que se trata de un momento clave para Matisse y, al mismo tiempo, uno de los ejemplos más extraordinarios que se puedan encontrar, en la aventura reciente de la pintura, de climax creativo.
A lo que dices respecto de la posibilidad de comparar el ángel de Pereda y el cuadro dentro del cuadro en la Dormeuse, estoy de acuerdo en que hay muy poca base, más allá de la homología de la composición. En efecto yo había pensado, precipitadamente, que ventana y ángel eran elementos de mediación, lógicamente cada uno de un tipo distinto, pero ahora, al reconocer que se trata de un cuadro, y además de un cuadro concreto, pienso no sólo que la mediación es relevante, sino que se me ocurre añadir otra cosa, en la que acaso ninguno de los dos artistas pensó de manera consciente. En ambos casos se trataría de un elemento personal (diferente pues de los objetos que conforman la natura morta) y en este caso serían además mensajes o noticias, siguiendo en un caso con el sentido etimológico de la palabra ángel y en otro en la dimensión comunicativa de la obra artística. Ambos les estarían diciendo algo sobre el paso de la vida y sobre la muerte que se enmascara en el amor y el sexo. En Pereda, se lo dice en latín: hiere eternamente, vuela rápido y mata. Nada muy distinto del erotismo, mediado por la culpa, de la imagen de la escena de La Verdure. Tú lo dices muy bien:
Me pregunto si el ángel de Pereda -aunque tenga una progenie judeocristiana más que helénica- no lleva consigo también algún eco de esa función mediadora en el desvelarse de la verdad oculta.
Por otra parte, el caso de los seres angélicos, las dos tradiciones, mucho más que en otros puntos en los que seguramente son irreconciliables, se avienen muy bien, como refleja por ejemplo la doctrina paulina de los dos hombres (el doble del que hablaba Baudelaire y por lo que dices también Matisse), de la que nadie ha podido decir si es de filiación judía o por contra griega (como lo era Pablo, lingüisticamente hablando)
Están magníficamente bien traídas las referencias a Mallarmé, a través de Aragon (que alegría ver la cita de Mario Luzi, justamente ahí).
Por último, dos cosas: la resolución plástica, justo en ese periodo, de la tensión reposo/dinamismo (en El sueño de 1940, en la imagen más abajo), recuerda mucho la presencia simultánea de actividad en el reposo en tantos poemas místicos, especialmente de la mística carmelitana. Es lo que Cernuda llamaba en Juan de la Cruz el “milagro técnico” de su poesía. Por último último, al ver la foto de la Delectorskaya borrando la tela, ¿cómo no acordarse de Penélope?
Un abrazo
Alvaro

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