Pierre Le Tan

¡Qué extraño es el mundo de «un artista»! Hay que ganarse la vida, alimentar a la familia. Los encargos se suceden. Siempre se trabaja con urgencia. Nunca se tiene la oportunidad de mantener el más mínimo distanciamiento con lo que se hace. A veces nos gustaría tener tiempo para dedicarnos a un proyecto más personal: un libro, un cuadro o, simplemente, un dibujo que nos apetecería hacer. Y esto sucede, claro, pero elaboramos tantísimos proyectos que no llegamos a realizar, que siempre nos quedamos insatisfechos.

A menudo pienso que nos gustaría hacer otra cosa, o ser más libres. Luego pienso en los grandes artistas, y mucha veces veo vidas muy laboriosas: Picasso y su obsesión por estar siempre «a la moda», Balthus, fabricando meticulosamente su propio misterio, Dubuffet, clasificando metódicamente hasta el último de sus garabatos, o estos contemporáneos, cuyo éxito es tal que se convierten en una especie de hombres de negocios, rodeados de todo un equipo. Al que admiro sin reservas es a Giacometti, constantemente insatisfecho, viviendo sólo para su arte, sin preocuparse por el reconocimiento, ni por el éxito material. Para mí, es un santo en el mundo del arte.
Más modestamente, el otro día estuve pensando en Jean Oberlé, un artista totalmente olvidado de lo años treinta cuyas memorias estuve releyendo: La vie d´artiste. Tenía el mismo oficio que yo, hacía dibujos para la prensa y la edición, y a veces exponía unos cuadros llenos de frescura. Era amigo de Pascin, Derain, Bérard, de gente corriente y de gente famosa. Ganaba poco dinero pero tenía una vida maravillosa en la que se sentía libre y sin ataduras. Imagino con nostalgia la ligereza de una existencia así. En nuestros días, los artistas tienen que ser también contables y preocuparse por unos problemas que ni siquiera existían en tiempos de Oberlé. Entonces me digo que, más que otra cosa, esa despreocupación es la que me falta en esta época tan dura y desprovista de encanto. Pero, ¿acaso la despreocupación, por muy tentadora que sea, no se encuentra en el extremo opuesto a las preocupaciones de un artista?
Diciembre 2003

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