La fuerza mortal del deseo

Mas en la celebridad del cumpleaños de Herodes prendió a Juan, y atado con cadenas le metió en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano. Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla por mujer. Y Herodes bien quería hacerle morir, pero no se atrevía por temor al pueblo; porque todos tenían a Juan por profeta.
Mas en la celebridad del cumpleaños de Herodes, salió a bailar la hija de Herodías en medio de la corte, y gustó tanto a Herodes, que le prometió con juramento darle cualquier cosa que le pidiese. Con eso ella, prevenida antes por su madre, dijo: Dame aquí, en una fuente o plato, la cabeza de Juan Bautista. Contristóse el rey. Sin embargo, en atención al juramento, y a los convidados, mando dársela. Y así envió a degollar a Juan a la cárcel. En seguida fue traída su cabeza en una fuente, y dada a la muchacha, que se la presentó a su madre (Mt, 14, 6-12)
***
No has querido dejarme besar tu boca, Iokanáan. Pues bien, la besaré ahora. La morderé con mis dientes como si fuera un fruto maduro. Sí, besaré tu boca. Iokanáan. ¿Acaso no te lo dije? Ahora la besaré. Pero, ¿por qué no me miras, Iokanáan? Tus ojos tan terribles, con aquel fulgor de cólera y desprecio, ahora están cerrados. ¿Por qué están cerrados? ¡Abre los ojos! Alza tus párpados, Iokanáan. ¿Por qué no me miras? ¿Es que acaso me temes, Iokanáan? Y tu lengua, que era como una serpiente roja que destilara veneno, está ahora, inmóvil y muda, Iokanáan, esta víbora roja que vomitó sobre mí todo su veneno. Es extraño, ¿verdad? ¿por qué está ahora inmóvil esa víbora roja? No has querido saber nada de mí, Iokanáan. Me has rechazado. Me has dicho cosas infámes. Me has tratado como a una cortesana, como a una puta. ¡A mí, hija de Herodías, princesa de Judea! Pues bien, Iokanáan, yo vivo aún, pero tú has muerto y tu cabeza me pertenece. Puedo hacer con ella lo que quiera. Puedo arrojarla a los perros o hacer que sirva de pasto para las aves. Las aves devorarán lo que hayan dejado los perros… ¡Ah! ¡Iokanáan! Iokanáan, has sido el único hombre a quien he amado
(El cuadro, Salomé con la cabeza de Juan Bautista, óleo sobre lienzo, 122,6×96,5 cm. fue pintado por Carlo Dolci y pertenece a la colección Windsor)
(La traducción de Mateo es de Carmelo Ballester; la del Salomé de Oscar Wilde fue realizada por Pere Gimferrer. Ambas han sido ligeramente modificadas por mí)

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