Notas para un diario 100

Llevo casi una semana concentrado en la tarea, por igual de gozosa que de ardua y dolorosa, de recopilar la bibliografía sobre el Kafka y el Holocausto que, si Dios quiere, saldrá en mayo en Trotta. Ha sido como volver, en el plazo de unas horas, o días, a los siete años que he tardado en escribirlo (¡pero qué increíblemente lento puedo llegar a ser!). No me resulta posible siquiera mencionar todo lo que ha pasado por mi mente en este espacio de tiempo intensificado. A la vez que revolvía de arriba a abajo mi biblioteca (en la foto), pasaban por mi mente (y por mi corazón) muchas cosas, casi todas buenas la verdad. Algún día contaré la historia secreta de ese libro (the story behind the story). Hablaré de la magnanimidad de algunos amigos, de la lealtad de quien casi se juega su puesto de trabajo para que el libro haya podido salir a la luz (no, no exagero), de la pasión (también erótica) que se esconde en muchas de sus páginas. Hablaré de quienes me han ayudado económicamente en estos años. Sin esa ayuda no habría podido disponer del tiempo ni de la tranquilidad necesarias, ni comprar los libros adecuados, ni viajar adonde debía hacerlo. De las deslealtades, de la suficiencia y la altivez de algunos, ya me he olvidado, o casi. Publicaré con su permiso los correos electrónicos con el editor, porque son un ejemplo de inteligencia lectora; lector asiduo de Trotta desde hace veinte años, ahora comprendo de que clase de ética del trabajo sale un fondo editorial como el que ha conseguido componer.

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