Libertad para comer basura

“Llevo mucho tiempo comiendo de los cubos de la basura y antes tiraban muchas más cosas, como yogures caducados, bocadillos, latas de conservas caducadas, pescado, botellas de bebidas; un día me encontré un trozo de jamón. Pero ahora se encuentran muy pocas cosas que merezcan la pena; lo más, algún yogur caducado”.
Sí, la crisis ha llegado a la basura, no sólo los bancos están en crisis. Éste es el relato de una persona que lleva “mucho tiempo” comiendo de la basura y se lo cuenta a un periodista.
En todo el mundo innumerables personas comen gracias a lo que encuentran en la basura. Para estas personas es su única posibilidad de sobrevivir y por supuesto no les preocupan, en lo más mínimo, posibles intoxicaciones que puedan sufrir. Peor es morir de hambre.
En Nueva York no pocas personas sobreviven consumiendo basura, y además, en Nueva York, tan creativa, se ha constituido el Club de los Comedores de Basura (el freeganismo), organización que agrupa a unas cien personas, muchas de ellas profesionales, profesores universitarios, con trabajo, pero les repugna que se tire tanta comida en los contenedores. Pretenden demostrar que una sociedad donde está presente tan dramáticamente la pobreza, se derrochen tantos recursos de manera tan insensata. Sólo se alimentan de basura, exclusivamente.
En España, algunos ayuntamientos han sancionado lo de revolver en la basura. No produce escándalo comer basura, produce escándalo revolver en la basura. En algunas ciudades catalanas la multa es de 90 euros, en Madrid de 750 euros. ¿Creen que estas personas pueden pagar una multa? De lo contrario, ¿serían sancionadas a realizar una labor social? Si las encarcelan, al menos en prisión podrán comer todos los días, ya que derivarlas a comedores sociales tampoco resolvería el problema, están colapsados. Según parece, los llamados sin techo no serán sancionados; una anciana que percibe una pensión de 250 euros, sí. Ella puede ser sancionada y condenada a pagar una multa porque tiene un techo que está por derrumbarse sobre su cabeza, pero tiene techo.
Por favor, libertad para comer basura. Si una sociedad no puede alimentar a sus miembros, que se siga mirando para otro lado. Si da asco, que no se mire.
(Carta al Director de El País de Héctor Anabitarte Rivas, 14/03/2009)
(El dibujo es el El Roto)

3 Comments Libertad para comer basura

  1. José Ignacio 16/03/2009 at 09:44

    Al respecto de este tema hay una película de la cineasta francesa Agnès Varda titulada “Los espigadores y la espigadora” que creo que es muy aconsejable. Algo le pasa a una sociedad que tira a la basura miles de kilos de patatas perfectamente sanas, porque su tamaño es demasiado pequeño o demasiado grande para su presentación en un centro comercial (esto se puede ver, por ejemplo en esta película)
    Tuvo una segunda parte. “Los espigadores y la espigadora…dos años después”, en la que hacía un seguimiento de los personajes que aparecían en la primera cinta, cómo habían evolucionado sus vidas.
    En cualquier caso la mirada de Vagda tiene tanto de crítica social como de reivindicación de quienes optan por un tipo de vida no convencional, ya que quienes aparecen en la película urgando en la basura, lo hacen por razones muy diversas, que van desde la necesidad económica hasta el posicionamiento ecologista.

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  2. paisajescritos 16/03/2009 at 20:10

    Lástima que sea porque las cosas van y vienen mal dadas el que no tiremos a la basura determinadas cosas, como esas patatas que “están un poco feas”, porque la frivolidad nos ha llevado a comer sólo supuesta belleza. Va más allá de una cuestión económica, o ecologista (no me gusta cómo se interpreta en ocasiones), es la ausencia de austeridad como necesaria gimnasia, ejercicio de higiene, no sé si llamarlo moral. De todo esto, que comparto, sólo me arranca una sonrisa una cosa (siempre digo que no creo en la casualidad): Héctor, es periodista y vecino de Aranjuez, bastante combativo, e inquieto, y por tanto, conocido por estos lares.

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  3. Alvaro de la Rica 16/03/2009 at 20:49

    cuando leí la carta el domingo fue como una pequeña revelación, un caer en la cuenta, de golpe, de que la situación económica es realmente muy mala; hay mucha gente pasándolas canutas, y cada día son más y más. Por supuesto que esto era y es el pan nuestro de cada día en cuatro quintas partes del mundo (incluida la exclusión en el so called primer mundo/primero que será el último), y hasta ahora la mayoría habíamos hecho oídos sordos a la pobreza material. Cada vez es más difícil ignorarla.

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