Notas para un diario 98

Yo por aquí trabajando mucho, pero por las noches lo paso muy mal. Ansiedad. Angustia. Las dos cosas. La vida me acorrala cada vez más y más (más y más hondo), hasta el fondo. A veces me parece que esto no es no la vida ni la tierra, sino lo que alguien cuenta al respecto. Lo oigo como si se tratara de un país lejano, del viaje de un extraño a países lejanos. Me despierto de repente por el llanto de alguno de los niños y después no logro volver a dormir. Veo la tele, leo a Rodoreda. Tomo leche con miel y doy vueltas y más vueltas pero no logro cerrar los ojos y caer desmayada. Le miro a él y duerme como un tronco. Entonces pienso y pienso y se van pasando los minutos y luego las horas y así amanece y ya me voy a la ducha, cansada de tanto pensar. Y, me dirás, ¿pero en qué piensas? Y te respondo que en todas esas preguntas que no tienen respuesta… Si el cielo existe, si el bien y el mal es una elección, si tendrían razón nuestros padres en lo que nos enseñaron, si habré estado engañada desde pequeña, si estoy haciendo algo útil, que si me muero hoy qué harían él y los niños, que si me muero adónde iría…. al infierno porque ya casi nunca hago el bien. Sudo, me pongo nerviosa y ahí sí que ya no me duermo más. Y se lo explico, me dice que él no piensa tanto y que tiene los pies más en el suelo y que debe de ser más tonto que yo pero que él es más materialista y sólo le preocupan los problemas del día de mañana y que no piensa en nada parecido a lo mío. Claro, él no puede responderme… se queda callado y dice que él tiene fe, que no se pregunta nada y punto. Ves cómo te digo que a veces es mejor no contarlo todo? Bueno, tengo la sensación de que me estoy repitiendo y, en fin, que no sé, pero ya te lo conté la otra vez y lo único que hiciste fue publicar mi carta y no darme ninguna respuesta. Pero me gustaría que estuvieras aquí, como antes. Me gustaría pasear contigo a la luz de los faroles que veo desde la ventana de mi casa. Veo en esa luz mortecina una línea que me habla de la inmortalidad. Por cierto, ayer fui a la presentacion del libro de la Roudinesco de la que hablaste y no sabes que tarados que están todos esos lacanianos. ¿A que no sabes quien estaba entre el publico? Mi ex-psiquiatra! increíble! no se como pude fiarme de un tipo así…

(La foto es un autorretrato de la extraordinaria Francesca Woodman (1958-1981))

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