Obama

Obama
Barak Obama ha ganado las eleccciones a la Presidencia de los Estados Unidos de América. ¡Enhorabuena! Hace muchos años, discutiendo en París con una argentina, decidí no hablar de la política de otros países: la porteña alababa el pedigrí democrático de Felipe González (¡estábamos en pleno GAL!) frente a la ultramontana derecha española. A pesar de lo guapa que era la niña, y a la quinta vez que me daba como único argumento el carisma de nuestro entonces Presidente, estuve a punto de estrangularla. Opté por callarme y me prometí a mí mismo que procuraría no caer yo en el error que significa hablar de algo sin tener ni idea.
El caso de los Estados Unidos es un poco distinto: como en los tiempos de la Roma republicana e imperial, se trata de una superpotencia que invade cada vez más espacio fuera de sus fronteras, convirtiendo el resto del mundo en una zona de expansión cultural primero y después económica (aunque el sustrato evidentemente sea europeo, como lo era griego en tiempos romanos). Por tanto, creo que a todos nos afecta el resultado de las elecciones de ayer, aunque sea muy difícil decir en que sentido concreto vaya efectivamente a hacerlo.
Razones
Me limitaré a apuntar algunas cosas que pueden ser de sentido común y que lógicamente son también muy discutibles: primero, Obama representa un cambio de administración y de partido en el gobierno, lo cual me parece saludable; Obama nos ha librado de Hillary Clinton, es decir, representa un alejamiento de una forma de corrupción política que consiste, como en el paso de la Roma republicana a la imperial, en el nepotismo: los Kennedy, los Clinton, los Bush. Es un horror que el poder se concentre en unas pocas familias. Si eso no se corrige, cualquier día se les acabará aclamando como a dictadores. Obama, en este caso me parece lo menos importante, es negro y aún así ha salido elegido con la oposición, por cierto, de casi todos los Estados del Sur y del Medio Oeste (no ha acabado el recuento pero me parece que ha ganado en menos Estados que McCain), es decir lo que se llama la América profunda, el Cinturón Bíblico o la América esclavista. Digo que me parece lo de menos porque no afecta demasiado al problema racial: solamente es un signo de una situación que no va a moverse demasiado por el hecho de que el Presidente sea negro. Por último, las relaciones con España creo que mejorarán. A peor no pueden ir, lo que es malo para nuestro país. Y yo nunca me alegro de lo que es malo para nuestro país: soy de los que estoy deseando ver la semana que viene a nuestro Presidente en la cumbre de Washington.
El magnicidio
Está claro que el gran asunto de su mandato va a ser la dirección política de la economía. Ha prometido que sacará las tropas de Irak en 16 meses. Veremos. Las dos guerras de Oriente han contribuido decisivamente al marasmo económico en el que estamos sumidos el mundo entero. Están siendo un desastre. Pero soy de los que piensa que la política es sumamente cruel, hasta el magnicidio y el atentado de masas. En el 11-M hispano tuvimos una muestra cercana de como se utiliza la muerte para cambiar una situación política determinada. Creo que si Obama se enfrenta en serio a la industria armamentística americana, lo matarán. Y dirán después que lo han matado por ser negro. Dios no lo quiera. ¡Larga vida a Barak Obama!
Una cobertura ejemplar
De todas las coberturas que he podido leer me quedo con la de The Economist, muy especialmente yo destacaría su largo editorial: It´time

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