Premio Nobel para Jean Marie Le Clézio

¿Por qué he venido a Rodrigues? ¿No será como el personaje de Wells, para intentar retroceder en el tiempo?
La presencia de mi abuelo en este lugar solitario, esto es lo que me turba y me retiene. Tierra abrasada: negra, dura, que rechaza al hombre. Tierra indiferente a la vida, rocas, montañas, arenas, polvo de lava. Caos basáltico de la bahía Malgache, conos áridos, lunares, que mi abuelo anotó en sus planos, que servían, decía, de orientación a los navegantes.
Lo sentí desde que llegue a esta isla: era tal vez el viento violento que arrastraba las nubes, semejantes al humo de un incendio, en las cimas de las montañas. O en el azul del mar, intenso, iluminado por el sol, las oscuras corrientes que llegan a través del paso, los negros bancos de coral y las montañas leonadas, las hojas de las vacoas, los áloes, los cactus. Y sobre todo creo, el silencio, el silencio cargado de luz y viento, que parecía venir de la otra punta del océano, del profundo sur, de las regiones más puras del mundo, del Antártico, Australia, Oceanía. Algo que no comprendía bien y que me electrizaba, llenaba mi cuerpo y mi espíritu, una luz que me hinchaba, me nutría. Lo he sentido a cada instante del día, hasta el agotamiento. Por las noches incluso, bajo el oscuro azul del cielo, las estrellas tan seguras, tan próximas, la luna deslizándose entre jirones de nubes. He sentido que me hallaba en un lugar excepcional, que había llegado al final de un viaje, al lugar donde desde siempre debía venir.
(Fragmento del Voyage à Rodrigues de Jean Marie Le Clézio, Premio Nobel de Literatura 2008. Las fotos son de la isla de Rodrigues, perteneciente a las Islas Mascareñas)

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